Mostrando entradas con la etiqueta Relato. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relato. Mostrar todas las entradas

domingo, 23 de junio de 2019

ENCUENTRO CON EL PASADO




     




    

   ¿Cuánto tiempo había pasado? Mucho, más del que  estaba dispuesta a recordar.   

   El día amaneció con una niebla fría y espesa que acentuaba la nostalgia de mis recuerdos.  Me levanto con el valor embargado. Ella intuía mis dudas mejor que yo las suyas. No obstante, si algo iluminaba su alma y la mía era el sol de nuestra complicidad, un juego implícito, a la vez inquietante y sereno, que dejaba su huella bajo la piel trémula de nuestros cuerpos desnudos, que se entregaban, reprimidos y cautelosos,  a la llamada de nuestro deseo.

   Descorro las cortinas de la habitación que dejan entrar una luz vencida que acuchilla mis cavilaciones. Consigue distraerme, pero a la vez alimenta mi propósito de ir a verla. Sí, quizás hoy lo haga. Hace años que  no dejo de pensarlo. Me aliaré  con el luto del día para hacerlo.  

  Me dirijo a la cocina con ella en mi pensamiento. Enciendo el gas y pongo una cafetera a calentar. La rutina de todos los días que me permite maniobrar mientras le doy vueltas  a mi idea. En pijama y  bata, unas zapatillas negras y legañas aún en los ojos,  me preparo el desayuno. No dejo de imaginar el momento del encuentro. Y mientras lo hago se me eriza la piel, como entonces, cuando  lo prohibido era la identidad del tiempo.

   Entretanto, la mortecina luz que ilumina la estancia desafía  mis recuerdos. Pero mi empeño persiste, he de ir a verla. Sé de su orgullo y de ese empeño suyo en evadirse de la cruda realidad, que se empeña en desafiar la suya. Ella tenía que saberlo aunque prefiriera estar atada al vacío de su existencia. El paso del tiempo, su cama vacía, sus recuerdos fríos, sus noches eternas… Luego, el amanecer diario que la devolvía a su desdén de mujer herida, pero su almohada delataba en sus ribetes el rocío de su vigilia.  

   Aunque ella sabe que la verdad no es más que un juguete frágil en las manos de un niño.

   Antaño, en su plenitud juvenil, se había acostumbrado a vivir sujeta a sus miedos y contradicciones, que nunca imaginó permanentes, cuando se acercaba a la frontera del pecado. Luego, en mis brazos, mis besos fustigaban sus temores y se entregaba a mi lujuria con el frenesí de un dulce castigo. Pero hoy es la muralla que debo franquear. He de  arrodillarme ante ella y pedirle perdón y mirarme en el horizonte de sus ojos, antes ilusionados, hoy vacíos de estrellas. ¿Cómo será hoy su figura? ¿Tal vez una tapia de piedras coronada de yedra? ¿Un rencor acumulado de nieve eterna? Qué importa lo que el tiempo haya hecho de ella, ambas fuimos prisioneras de una soledad sin límites sin darnos cuenta, y del pesado legado de la ausencia.

   Definitivamente demuelo los últimos parapetos de mis miedos y voy hacia ella. Hacia esa mujer que, en mi juventud y la suya, me amó sin saber cómo hacerlo sin miedo, y que hoy, con el tiempo sin tiempo, busca atravesar los empañados cristales de las ventanas de su casa para que el tibio sol del amanecer riegue las  mañanas de su senectud.

    Sin embargo, algo atenazaba nuestro deseo de encontrarnos. Ni ella daba su paso ni yo el mío, presentíamos el miedo. El miedo a mentirnos. Y decidimos ¿vivir?, bajo la zozobra de la duda. Y el paso del tiempo, termita infatigable, fue carcomiendo nuestros cuerpos hasta arruinarlos.

   No sé a lo que me enfrentaré cuando me abra su puerta. No sé lo que diré cuando detrás de ella aparezca su figura encorvada. Tal vez lloremos y nos abracemos en silencio, sin decir nada.  Vivimos aferradas a un amargo pasado en lugar de salvarnos, porque fuimos pasión viva y amor contenido, y silencio, y cada una, en su terreno, construyó su propio castillo de desconfianza  y miedo. Y a eso lo llamamos destino.

   Ahora espero delante de su casa. El goce de entonces es hoy un frío intenso que refleja, en la escarcha de la mañana, el tormento de mi alma.

  En tanto que ella, sin saber quien llama, solo acudirá a la puerta intrigada, ignorando a quién encontrará cuando abra…
  



jueves, 21 de febrero de 2019

CAPERUCITA EN FACEBOOK










   Apuraba  Caperucita el paso  por el bosque para llegar pronto a casa de su abuelita. No quería que  le alcanzara la noche en la espesura. Pero la niña, que era de natural curiosa, se desvió de su camino habitual y se perdió en el bosque de las redes sociales.

    No se arredró, era una niña inocente, pero también valiente. Donde el camino lleve, pensó. Y andando el camino se topó con una gran puerta de acero en cuyo centro podía leerse: BIENVENIDA A FACEBOOK. Dudó, pero al final optó por pulsar el timbre.  Al instante se abrió una trampilla de donde emergió una pantalla que la invitaba a entrar si consentía en registrarse.  Lo hizo y se registró como Caperucita “La Roja”.  Y sin más se introdujo en el peligroso, pero  apasionante bosque de la realidad simulada.  

   Enseguida le pidieron amistad. El primero en pedírsela fue el lobo, claro.
  —Hola, Caperucita –saludó- ¿qué te trae por aquí?
 —No sé, curiosidad, yo iba a ver a mi abuelita  –se excusó.
 —¿A tu abuelita? –indagó la alimaña- ¿Y dónde vive tu abuelita?
—En una casita en el bosque –informó incauta.
—¿Quieres ser mi amiga? –propuso la fiera.
—Bueno –aceptó Caperucita sin más.
  Y así fue como Caperucita y el lobo se hicieron amigos. Y se conocieron y se enamoraron.  Caperucita alcanzaba a la sazón  los quince, pero aparentaba los veinte.
  Un día se citaron  en el bosque para ir a ver a su abuelita en una visita de cortesía.
  —Hola, abuelita, he venido a presentarte a mi novio –y le presentó al lobo.
  La abuelita lo miró  y se quedó horrorizada.
 —¡Pero si es el lobo, Caperucita!
 —Sí, abuelita ¡pero es tan guapo! Mira que ojazos, mira que boca, mira que dientes…
 —¿Y dónde lo has conocido? –quiso saber la abuelita.
—En facebook –aclaró.
—¡En facebook! –se alarmó la vieja- ¿es que no sabes que ahí todo el mundo dice ser lo que no es y simula no ser lo que es? No me extrañaría que tu lobo fuera un narcisista desahuciado con espolones.
—Un respeto, abuela –se quejó el lobo.
—Lo que me faltaba por ver, que mi nieta me metiera al enemigo en casa y se enamore de él. ¡Adónde vamos a llegar, Dios mío! –se quejó la mujer.
 —Son otros tiempos, abuela, el lobo ya no es lo que era –trató de justificarse Caperucita.
—¿Qué no es lo que era? ¡Qué inocente eres, criatura! El lobo siempre será el lobo, y a la más mínima se comerá  las ovejas –argumentó la abuela. Y sin  más preámbulo se fue a al dormitorio,  asomó con una escopeta de caza, apuntó al bicho y lo descerrajó de un tiro.
—¡Pero qué has hecho abuela! ¡Has matado a mi novio! ¿Lo que has hecho  es peor que la violencia de género? Te voy a denunciar por racista y lobófoba. ¡Eres una asesina! –se horrorizó Caperucita. Y sin más volvió a facebbok y contó en la red lo que había hecho su abuelita.

  El escándalo fue mayúsculo. Las redes se incendiaron contra la octogenaria abuelita que la tacharon de monstruo antediluviano. Las asociaciones animalitas y demás plataformas anti tortura animal, asociados y asimilados,  interpusieron demanda contra ella, las organizaciones feministas renegaron de la abuela carca y se pusieron de parte de Caperucita, hubo manifestaciones masivas de apoyo a la niña y la prensa ponderó  su valentía por denunciar a su abuelita. Por unanimidad  se solicitaba una pena ejemplar y  cárcel para la homicida. De los hechos se hicieron eco los medios de comunicación de medio mundo,  admirándose del valor de Caperucita por enamorarse de un lobo, y de la crueldad de su abuela, que no dudó en dispararle y matarlo en su presencia. Nadie salió en defensa de la infortunada mujer.

  Mientras tanto, ignorada por todos e incomprendida, marginada y vilipendiada,  la abuelita, sin entender nada, se consumía de soledad y amargura preguntándose hasta morir qué mal había hecho si ella solo quiso salvar a su amada nieta de las garras del malvado lobo.



domingo, 3 de febrero de 2019

LOS AMANTES DEL PARAÍSO







    La pintura empezó a interesarme cuando contemplé el cuadro de “las Meninas”.  Me pareció que yo mismo podía meterme en el cuadro y hablar con Velázquez. Hasta ese día ninguna otra obra pictórica había conseguido abrirme la boca de asombro.  

   Fue años después cuando volví a experimentar algo parecido. Fue con “El beso”, de Gustav Klimt. Al verlo se me representó como un conjunto multicolor con forma, ¡vaya por Dios!, de falo. Cada artista tiene sus propias obsesiones. Me extrañó el color dorado de la obra, nunca antes visto en un lienzo por mí. Algo debía de significar.  El motivo central lo formaban un hombre y una mujer fundidos en un abrazo, él dándole un beso a ella en la mejilla.  El rostro del hombre, de semi perfil, lo pasé por alto, pero el de ella me llamó poderosamente la atención. Toda mujer bella me la llama. Pero en este caso no era solo su belleza,  subyugante,  era su expresión de serena placidez y la extraña expresión de resignada complacencia, como si estuviera dormida más que extasiada. Y la posición de la cabeza,  inclinada hacia atrás y el rostro vuelto hacia la izquierda. Me pareció que soñaba,  que se entregaba al beso con el  pensamiento puesto en otro sitio.

   Luego reparé  en que ella está de rodillas, detallé que me conmovió, entregada al goce del momento, o eso me pareció en una primera impresión, porque algunos detalles me hicieron dudar de que realmente lo estuviera.  Su brazo derecho rodea el cuello de él,  pero  sin convicción. Lo delata su mano, cuyos dedos están encogidos, mientras que su brazo izquierdo se dobla para posar su mano sobre la mano derecha de él. El contraste de las manos de ella, bellas, blancas y delicadas, con las de él, grandes, morenas y huesudas, ejemplificaron para mí  el contraste entre la rudeza y la delicadeza. Eso fue lo que pensé.  La mano izquierda de él rodea el cuello de ella sujetándola y atrayéndola hacia sí; la derecha se posa sobre su hombro izquierdo. 

   Luego me fijé en sus vestimentas. Él va cubierto de una túnica dorada con dibujos geométricos rectangulares, mientras que  la de ella la adornan círculos concéntricos, y su vestido, ceñido a su cuerpo, estaba salpicado de  grupos diseminados de pequeños discos de colores. Alusión, sin duda, a la masculinidad de él y a la feminidad de ella.

    Otra cosa que me extrañó  fue el lugar  elegido por el artista  como escenario del encuentro: el extremo de un jardín salpicado de florecillas multicolores, como si de una alfombra se tratara,  que se asoma a un abismo a cuyo borde cuelgan los pies de ella. La impresión que me dio es que corrían el riesgo de  precipitarse en él  en cualquier momento,  víctimas de su desenfreno.

  Todo en el lienzo destilaba  un halo de misterio, empezando por el propio beso, que no es en la boca como cabía esperar. ¿Por qué en la mejilla? –me pregunté.  Los colores dorados me remitieron a una simbología religiosa. Su disposición,  la entrega de ambos a la magia del momento, el lugar, el colorido, todo me invitaba a pensar    que estaba ante una escena  en la que el amor y la religión se fundían, como si fueran la misma cosa;  o que para el autor amor y religión son lo mismo.

   Fue lo que hizo que mi imaginación volara  y me representara a Adán y Eva en el Paraíso, y  que el abismo que se abría a sus pies es donde ellos acabarían cayendo por desobedecer a Dios. Y lo sabían. Aun así ambos se entregaban a ese instante de goce supremo que solo el amor puede sublimar. Reflexión  que me llevó a considerar que Eva no desobedeció a Dios por curiosidad o afán de poder, sino por amor a Adán, pues solo con él sería posible afrontar la vida fuera del Paraíso,  solo la fuerza del amor podría salvarlos  y conseguir que volvieran a él.

     Volví al rostro de ella, un imán para mí, a su expresión de excelsa serenidad no exenta de inquietud, y vi en  él la propia de quien se entrega a un sentimiento detrás de cual está la vida, pero también  la muerte.
  


martes, 15 de enero de 2019

AMIGOS





Allí estaban todos, como cada año, distendidos, alegres, confiados y dicharacheros.

Ángel, ingeniero agrícola, militante de Podemos, radicalizado desde que la policía  diera una paliza a su hijo en una manifestación. Baldo, abogado matrimonialista, estalinista convencido desde que un sargento chusquero lo metió un mes en el calabozo por irse de putas con unos compañeros dejando abandonando el servicio de su unidad. Pedro, el más reservado de todos, solo hablaba si se le preguntaba algo,  notario, pequeño y sibilino, cargado de espaldas, con su sempiterno traje oscuro, chaleco y corbata, maoista fanático desde que se enamoró de una compañera de universidad, admiradora de Mao. Poca salud y parco en palabras. Julio, un marxista recalcitrante que sostenía que nadie que no sea marxista puede ser buena persona, pero solo lo decía cuando tenía dos copas de más. Se hizo marxista porque su padre lo obligaba a confesarse y comulgar todos los domingos, hasta que cansado de decirle al cura los mismos pecados y hacer la misma penitencia lo mandó a la mierda en el mismo confesionario. Le costó una somanta y un mes sin salir a la calle. Se sacó la licenciatura en Derecho después de diez años estudiando, o haciendo como que estudiaba. Juan “el Colorao”, empresario. Lo apodamos así porque tenía la cara del color de los boniatos. Cuando se produjeron los atentados del 11-M realizaba el servicio militar como alférez de complemento en el Cuartel General del Ejército, se presentó ante su capitán y le pidió permiso para que le diera el mando de un pelotón, personarse en el barrio de Lavapiés y detener a todos los marroquíes que encontraran, juzgarlos por lo militar y fusilarlos al amanecer. Era un admirador de Aznar, del que decía que había sido el mejor Presidente del Gobierno de España de todos los tiempos. Dani, profesor de secundaria, de Candeleda, población de la que su padre había sido alcalde durante la dictadura de Franco. Fue anarquista en su juventud, admirador de Bakunin, íntimo amigo de Julio y compañero de correrías. Un día se colaron en una boda gitana en un pueblo de Toledo, al padre del novio les cayó en gracia y los invitó a que se sentaran con ellos, pero Julio, que cuando tenía una copa de más no conocía ni al Papa, se empeñó en bailar con la novia, se dirigió a ella para pedirle que bailara con él y le cantó esta especie de epitalamio: “Tienen los gitanos / en el pelo caracoles / y le hacen a las gitanas / gitanillos que son primores”. Tuvieron que salir de allí por piernas y atravesar el río Tajo nadando para que nos los pillaran. Abjuró de su fe anarquista cuando la ETA mató a un familiar suyo: y se hizo falangista. También acudió Torres, interventor delegado del Ministerio de Agricultura, votante del PP, a quien Ángel no dejaba de mandarle propaganda de Podemos para que se afiliara, y él, en venganza, le correspondía enviándole fotos de mujeres desnudas. Sin embargo no había ido José Luís, Secretario Judicial, también marxista-leninista, que cuando hablaba no había forma de entenderlo, pues tenía una voz que sonaba a hueco. Sigue esperando que Cuba cambie de régimen para personarse en la isla a reclamar los bienes inmuebles de sus antepasados, todos requisados por Fidel cuando la revolución. 


Y en fin, estaba yo, Inspector de Policía, sin una ideología definida, amigo íntimo de Julio y Dani, con los que tenía que lidiar a fin de que no chocaran, como el día en que Dani le recordó la odisea con los gitanos de la boda, reprochándole que por su culpa estuvieron a punto de ser linchados, perdió su abrigo, y si no hubiera sido por él se hubiera ahogado en el Tajo. Estuvo sin hablarle dos meses.


Allí estábamos todos, riendo, celebrando que seguíamos vivos, recordando viejos tiempos, contando anécdotas de juventud, interesándonos unos por otros, sin mencionar la política, priorizando lo que nos unía -una amistad cimentada en nuestra juventud-, sobre lo que nos separaba: la advenediza ideología.

sábado, 1 de diciembre de 2018

LA TERTULIA QUE QUISO CAMBIAR EL MUNDO








Inicio hoy, 1 de diciembre de 2018 a publicar por tramos mi novela, que escribí años ha.
   Se titula LA TERTULIA QUE QUISO CAMBIAR EL MUNDO, y es  la historia de una venganza. Tiene 322 páginas, un preámbulo y XXXI capítulos. Empieza así:




PREÁMBULO

    Cuando la única opción es poner la otra mejilla el silencio se extiende como respuesta a la injusticia. Es la hora de los héroes.  En esta historia, acaecida  en un pueblo olvidado, la costumbre llegó a convertirlo  en un mal, un mal sin galones, pero igual de dañino. Tal vez peor.  
   El silencio como respuesta  obliga a fingir lo que no eres, a decir lo que no piensas, a simular lo que no sientes, que se une  a la certeza de que nunca serás  lo que sueñas. Se detecta en la expresión de tu rostro, en la ansiedad de tu mirada, en tus gestos, repetitivos y cansinos,  en que nada de lo que dices trasciende  fuera de ti. Y sin ser plenamente consciente de ello llevas a cuestas tu desengaño prendido de un callar de espadas.
   Interiorizas como algo natural  que trae más cuenta ser  maestro de la indefinición que amigo  del compromiso. Sin embargo, la tensión que conlleva el silencio te lleva a criticar en los demás lo que otros critican en ti, en lugar de  señalar a quien debe ser señalado, pues has asumido que la verdad se alza como enemiga de la convivencia y el silencio como su aliado.  
    Huyes del riesgo, al que tratas con distanciamiento,  y aquel que lo defiende como un valor necesario para vivir en plenitud lo miras con recelo, pues ¿cómo no pensar que quiere aprovecharse de ti?  
  El vacío de tu vida  lo cubres con misas y distracciones de casino,  batidas de caza y charlas al atardecer, en la plaza o en la taberna. Y así, con la bandera de la desconfianza izada, pasas tu tiempo  esperando que todo cambie y mejore sin hacer nada. Todo es duda que te atenaza mientras el tiempo corre sin darte cuenta  de que estas  enfermo de miedo y te acuestas con la mentira. 

   Este panorama, que el lector sabrá interpretar, trataron de burlarlo tres vecinos de un pueblo perdido de la geografía española a los cuales se les ocurrió fundar una tertulia, tal vez  porque intuyeron que si seguían callando acabarían por hablar solos.  Sus componentes,  tres amigos que ni siquiera  se fiaban entre ellos, echaron una moneda al aire y les salió cara, seguramente porque la suerte quiso darles una oportunidad antes de que  el silencio los devorara, y fue así como se embarcaron en la aventura de vencerlo sin sopesar las consecuencias de su azarosa  iniciativa.     

   La historia, de ribetes singulares, humana y trágica, por momentos conmovedora,  me la refirió el guardabarreras del pueblo, un cincuentón de generosa estatura, cargado de hombros,  mirada inquieta y tez oscura, parsimonioso y solitario, de los que hablaban poco pero rompían el silencio cuando lo hacían,  de los que están del lado de la verdad y se comprometen con ella  por amarga que esta fuera, amargura que endulzaba  con su particular sentido del humor, un humor que se asomaba a su mirada, escéptica y burlona, para despistar al silencio.   Era precisamente esta cualidad, ser serio y aparentar lo contrario la que, junto con su particular forma de entender la vida, le  proporcionaron  fama de frívolo, hecho que le permitía jugar con la verdad como si fuera mentira. O viceversa.  

Lo conocí una tarde, durante un paseo, el primer año que fui a pasar unos días al pueblo,  donde vivía la familia de mi mujer. Él estaba en la puerta de su garita, junto a la vía, y lo saludé con un buenas tardes, a lo que él respondió, nos dé Dios, con cierta ironía. Al volver de mi excursión aún seguía en el mismo lugar y le pregunté si no se aburría, por decir algo. Me respondió que solo se aburren los que no tienen imaginación. Me acerqué donde estaba, me presenté, nos dimos la mano y ahí nació nuestra amistad. Todos los años, a partir de ese día, cada vez que iba al pueblo lo visitaba. Fue al segundo año de conocernos cuando me la contó. Salió a colación de forma espontánea y por casualidad.

   Los dos estábamos sentados en la terraza de una venta de carretera,  cerca del pueblo, una tarde de  verano postrero con el sol en el horizonte. Ambos saboreábamos la frescura deliciosa de una Alhambra y disfrutábamos de la placidez del lugar, razón que nos había llevado allí.  Hablábamos  del pueblo,  de su estentóreo silencio, de su negro futuro, de su anodino presente y, de pronto, en medio de la conversación, me preguntó de improviso: “¿Qué entiende usted que es la verdad?”  Casi me atraganto, era la primera vez que alguien me sometía a semejante prueba, así que lo miré con verdadera curiosidad (debo confesar que no conocía a fondo al personaje).

   Para responder a su insólita pregunta recordé una alucinante historia que había oído contar en una taberna del barrio de Lavapiés de Madrid. 


La contaba un hombre de unos sesenta años de edad con aspecto de bohemio, a un joven que compartía mesa con él. Yo estaba sentado en la mesa contigua y aquel ejemplar de ser humano de  mirada triste, cabello y barba blancos, rostro enjuto y surcado por profundas arrugas, muy delgado, alto, vestido con un pantalón vaquero de color negro, polo del mismo color y una chaqueta blanca,  contaba que un día Dios resolvió decirle la Verdad a los hombres.  Su insigne decisión la plasmó  de su puño y letra en un folio de color azul y, para hacerla llegar a los humanos no comisionó a sus ángeles  ni a sus arcángeles, sino al mismísimo Lucifer al que llamó a su presencia. Cuando el del Averno acudió a su llamada con su habitual cortejo de olores inmundos lo hizo arrodillar y jurar ante Él que acataría su mandato: “Has de llevar la Verdad a los hombres en nombre de tu Dios”. Así lo prometió y se comprometió el Príncipe de las Tinieblas doblando la cerviz,  sumiso y ladino. Dios le entregó el título donde había resumido  la Verdad y el mensajero celestial de los infiernos se personó en la Tierra tras meditar cómo cumplimentaría el mandato divino. Revestido de su poder y disimulando su condición, reunió a la humanidad para comunicarle la noticia de la que era portador.
  --“Dios ha decidido transmitiros la Verdad –anunció  a la masa informe con voz tronante desde su atalaya- y yo, como vasallo suyo, os la traslado  cumplimentado así su mandato”. --“¡Alabado sea Dios!” --clamó la multitud. Alabanza que el comisionado prefirió ignorar. Con el semblante contraído por la ira  y disimulando su disgusto se dispuso a cumplir su anuncio, pero ante la sorpresa de la muchedumbre extrajo el pliego y rugió: --“¡Aquí la tenéis, buscadla!”. Y no leyó el contenido del folio como el gentío esperaba, sino que lo hizo confeti en un vertiginoso movimiento de manos y los arrojó al viento. Había cumplido con el mandamiento divino. Ahora cada hombre tenía su verdad revelada por Dios, aunque de la mano del diablo”.  
   El guardabarreras permaneció pensativo tras escuchar mi alegoría y al fin comentó:
     —Seguro que se quedó con más de un trozo”. “--¿Para qué? –le pregunté-, no necesitaba ningún trozo, pues  leyó el folio antes de romperlo. --“Ya –concedió-, pero el Diablo es muy desconfiado y seguro que pensaría que lo mejor era quedarse con varios trozos por si el hombre fuera capaz de juntarlos todos…”  Los dos reímos.
   Esa fue la mejor prueba de que le gustó mi explicación,  lo leí en sus ojos, si no, no me habría comentado a continuación:
     —Es decir, que si Dios comisionó al Diablo para algo tan trascendente es que era bueno hacerlo así.
    —O necesario –completé yo.
    —Ya –aceptó él- por eso echó a Adán y a Eva del Paraíso.
    —Una buena teoría –abundé yo.
    —De todas formas lo que tiene de curioso este caso –creí oportuno señalar- es que aquel hombre le dijo a su joven acompañante que su hijo era cura, y que antes de que ingresara en el seminario le contó la misma historia.  El joven, supongo que  por curiosidad o por si llegara a tropezarse con él, le preguntó por el nombre de su hijo  --“Se llama Propósito –aclaró el anciano-, le puse ese nombre porque no hay ningún santo que se llame así, de manera que si llega a serlo será el único.  Aunque lo dudo”. 
   Fue después de meditar sobre lo que le conté cuando me dijo: 
   -Pues yo te voy a referir mi verdad sin intermediarios. Por cierto, no sé si será casualidad, pero el protagonista es un cura, y casualmente se llamaba don Propósito, y era de los que transmitían la verdad de Dios a su manera. 
   Y me relató esta historia que tal vez termines de leer o tal vez no, pero  si sientes que nada de lo humano te es ajeno te invito a que llegues hasta el final. Naturalmente que yo, salvando las distancias,  te la cuento a mi manera, como hizo el Diablo. Y también quedándome con algún trozo de ella. No podemos escapar a nuestra condición.  (Continuará)





   

domingo, 3 de diciembre de 2017

EL ZOMBI DEL POLÍGONO


   

    Yo no creo que haya zombis propiamente dichos, aunque como dicen los gallegos respecto a las meigas, haberlos ahilos. La sociedad esta llena de zombis, por desgracia. 

  Pero el caso es que voy a tener que creer que los hay, aunque el de mi caso no llega al nivel que llegaron aquellos zombis de la película "La noche de los muertos vivientes", que eso es lo que son los zombis, muertos vivientes que, por serlo, matan a los vivos para que todos sean iguales, al fin y al cabo lo que persiguen las ideologías que  sueñan con imponer el pensamiento único, propio de los regímenes totalitarios: que nadie disienta, que el pensamiento muera y solo prevalezca el de quien manda. Y si alguien diverge se le persigue y se le convierte en zombi. 

   Pues yo ta he tenido dos encuentros con una especie de zombi. El primero fue hace un año, y este año, hace unos días, el segundo. Lo cual es para para mosquearse, vamos que del castaño oscuro se ha pasado al negro. Si me pasa una tercera voy al programa de Iker Jiménez. 

    Iba yo tan tranquilo dando mi caminata matinal por uno de los polígonos industriales que hay por donde vivo, y he aquí  que veo venir hacia a mí a un individuo que ya en la distancia me pareció un zombi, por la forma de andar. "Un borracho" -pienso para mí. Pero a medida que se acercaba a mí ya no me parecía un zombi, ¡es que lo era! Los pelos de punta se me han puesto. 

   Al pasar a mi lado el tipo ni me miró, como si yo no existiera, tenía el color del azufre en su cara, feo, feo. Aún así, más asustado que alarmado le llamé la atención:«Perdone, ¿le ocurre algo? ¿Necesita usted ayuda?», le pregunté sin tenerlas todas conmigo. Entonces el tipo se para, se vuelve hacia mí y me dice: «No, gracias ¿no ve que estoy muerto? Y usted también lo está ¿es que no se ha dado cuenta?». Y siguió su camino. 

    Estoy por ir al médico.

sábado, 24 de septiembre de 2016

YO MISMAMENTE (VIII)


  


 Reanudo hoy mis experiencias en vuestro planeta, suspendidas debido a causas que obedecen a mi estado de ánimo, bastante bajo por las cosas que están ocurriendo en vuestro mundo, y también porque no encuentro la fórmula para convenceros de que la vida no es producto de la casualidad, eso ya lo sabemos en nuestro planeta, pero no puedo deciros  cómo lo hemos sabido, pues es algo que tenéis que descubrir vosotros: no pretenderéis que os saquemos las castañas del fuego. En esto estáis solos. Así que sigo: 



   En mi planeta, el poderoso debe dejar de soñar en todas esas tonterías que pretenden la igualdad de todos y hacer felices a todos, pues hace tiempo que descubrimos que eso es una mentira y  distraen de lo principal, que es  dedicarse exclusivamente a gestionar los intereses públicos con tino, honestidad, economía y eficacia, sin privilegios y sin favoritismos, sin entrometerse en la intimidad del individuo, teniendo en cuenta el interés de la colectividad. Esto es lo que proporciona felicidad al ciudadano. Si quien gobierna no sabe hacer eso tiene que  irse a su casa  a hacer felices  a su mujer y a sus  hijos.  Aquí en la tierra, y esto es una de las muchas paradojas de vuestro planeta, en todos vuestros textos legales fundamentales habláis de igualdad, pero nadie cree en ella, es más, nadie quiere ser igual a nadie. Ni siquiera habéis conseguido la igualdad formal,  la igualdad de derechos y la igualdad ante la ley. Con razón decís que se coge antes a un mentiroso que a un cojo, pero como todos mentís jugáis al ratón y al gato.  Habéis llegado a tal confusión en lo que se refiere a vuestros valores que defendéis a la vez lo que los define y su contrario. Un ejemplo: defendéis el derecho a la vida como algo fundamental y sin embargo aprobáis legalmente el derecho a abortar. Y en otras partes de vuestro mundo hacéis todo lo contrario: prohibís  el aborto pero si alguna mujer se ve obligada a hacerlo y la descubren, la ejecutan. En ambos casos el desprecio a la vida es ostentoso,  sin embargo lo justificáis. No sólo eso, sino que no falta quien trata de conciliar ambos modos de comportamiento. Lo que me extraña es que no esteis todos locos. ¿O tal vez lo estáis ya?

   ¿Qué pinto yo en este planeta perdido? Me pregunto desconcertado. No podía culpar de ningún modo a quienes me trajeron aquí, pues aunque no me lo dijeron seguro que lo hicieron con algún fin. Este fin es el que yo tengo que descubrir, el cual tiene que estar relacionado forzosamente con mi mundo, si no ¿a qué obedece que me hayan traído aquí sin darme una sola explicación? Ni siquiera un consejo, así que manda huevos como vosotros decís, que tenga que descubrir por mí mismo cual es mi misión en un planeta en el que todos mienten. 

   Anotaré de todas formas como posible fin averiguar si estáis locos, si tanta mentira os ha nublado el juicio y sois un peligro para la galaxia. Algo que no sería extraño, pues andáis persiguiendo el bien sin saber distinguirlo del mal, no otra cosa cabe colegir del hecho de que lleguéis a sacrificar la vida, el bien supremo, por otros bienes más discutibles que podrían conseguirse sin atentar contra ella.  La irresponsabilidad os define muy bien.

   A medida que os voy conociendo se me ponen los pelos de punta.  Vosotros dale que dale con los valores, los derechos humanos, el respeto al diferente, la tolerancia entre culturas, la intolerancia al racismo, leyes y medidas de todo tipo contra la violencia doméstica, libertad, igualdad, justicia, derechos fundamentales…, pero  engañáis sin pudor, para que os salga bien una cosa tenéis que ocultar cuáles son vuestras verdaderas intenciones para que, tal vez vuestro menor amigo, no os las malogre. Es pura paranoia. Claro, no puede ser de otra forma, pues si la persona en la que más confiáis, en la que habéis depositado toda vuestra confianza, por la que pondríais la mano en el fuego os ha estado engañando todo el tiempo. Si esa persona es vuestro referente moral,  la que ha guiado vuestra conducta en vuestro mundo y, por tanto,  seguido sus enseñanzas, cuando descubráis que es un impostor todo vuestyro sistema de creencias se viene abajo. A partir de ese momento ya no podréis ser los mismos, se quebrará algo en vosotros y lloraréis amargamente como niños que acaban de saber que los Reyes Magos son mentira.  Entonces, lo que antes era seguro se torna movedizo, lo que era firme, basculante, lo que era sólido, líquido, no hay donde aferrarse sin la duda de que antes o después el agarradero se romperá. ¿En qué creer? ¿En quién creer, pues? Al niño acaba por fallarle su padre, al adolescente su madre, al joven sus amigos, al adulto su cónyuge, al viejo sus hijos, al hermano sus hermanos, al ciudadano su líder político... ¿Qué queda? La ideología, la religión, y más allá de ellas la soledad, pues ambas son  ideas concebidas por hombres que, como todas las ideas de los hombres, resultan ser mentiras.

   Lo curioso, lo verdaderamente sorprendente, es que a pesar de todo la vida sigue, os reponéis de vuestros terribles traumas, hacéis de tripas corazón y seguís creyendo, seguís soñando, seguís esperando. Como si hecho el descubrimiento de que todo es mentira, convencidos de esa “verdad”, renaciera en vosotros la necesidad de creer que todavía es posible vencerla. A la mentira. Pero esto es demasiado bonito para que sea cierto, sabéis que no es posible derrotar a la mentira porque formáis parte de ella, sois parte del problema por lo tanto no podéis ser la solución. Lo que verdaderamente os mueve es la reacción que provoca en vosotros haber sido engañados, os decís que nunca más lo seréis, y esta es la fuerza que os mantiene, saber que habéis abierto los ojos y que ya nadie podrá engañaros, al contrario, seréis vosotros quien engañéis.  Es como si al haber sido víctimas de la falsedad hubierais renacido de vuestras cenizas cual Ave Fénix, pero la causa, el origen de vuestro renacer es la mentira, saber eso os hace más libres, pero no podéis escapar a ella, va con vosotros como algo inherente a vuestra persona.  Y el mal se irá extendiendo cada vez más porque ya nadie cree en nadie. 

   Siendo esto cierto también lo es que, perdida la inocencia, os formuláis preguntas y buscáis respuestas, y esto, la búsqueda de respuestas es lo que caracteriza a los creadores. Es decir vuestra creatividad tiene como motor a la mentira que os impele a buscar la verdad, y no os desespera saber que malamente se puede encontrar la verdad partiendo de una mentira. Así sois vosotros, contradictorios y patéticos, necesitáis creer en algo para poder vivir a pesar de que sabéis que todo es mentira. Luego lo que se deduce es que no tenéis alternativa, o creéis, o soñáis, o creáis, o la muerte. Creer, o soñar, o crear, sin esto no sois nada, os sentís vacíos. Es vuestra forma de resistir. 


lunes, 22 de agosto de 2016

YO MISMAMENTE (VII)





   La parte de vuestro mundo más avanzado, en el que predominan las libertades formales y el imperio de la ley, tampoco escapa a este pronóstico. Si antes el poder se adquiría por la gracia de Dios, una mentira, en la democracia se adquiere  por votación, "a través de la voluntad libremente expresada de los ciudadanos", otra mentira, pues los ciudadanos  están, unos determinados, otros manipulados, y otros votarán a quien sepa mentir mejor, todos saben que os valéis de  vuestras técnicas de manipulación para que os voten, y luego, cuando llegáis al poder, aplicáis una política sectaria que favorece vuestros intereses ideológicos, no el interés general.   

    Una palabra que empleáis mucho es la de seguridad. ¡Seguridad! vuestros ciudadanos tienden a darle el poder quien les garantice una  mayor seguridad, pues  de alguna manera la ciudadanía intuye que todo es mentira y que lo que realmente importa es que puedan dormir tranquilos en sus casas.  Es decir, volvemos a Hobbes. No es que ahora el poder lo ejerza  un rey absoluto,  un dictador, o un tirano, pero de alguna manera lo es quien es elegido para gobernar  porque los demócratas también mienten, también se corrompen, cometen injusticias…, se ven sometidos a las directrices ideológicas de su partido,  a las presiones de los poderes fácticos y a la necesidad de mantenerse en el poder sin perder de vista el interés general, que esta es otra, pues cada partido lo interpreta a su manera, de manera tal que ese interés sólo es interés partidista, pero como lo interpretan los dirigentes del partido en cuestión es «interés general», pues solo el partido  sabe interpretar mejor que ningún otro la voluntad de los ciudadanos, incluso de los que no lo han votado, por eso los de izquierdas dicen que los que votan a los partidos de derechas son tontos, y los de derechas dicen que los que votan a los partidos de izquierdas son ignorantes, y así, no es exagerado decir, como decís vosotros, “unos por otros la casa sin barrer”. 

   La realidad es que digáis lo que digáis y hagáis lo que hagáis, todo, todo, va dirigido a desprestigiar al contrario y manteneros el mayor tiempo posible en el poder, aunque ello perjudique gravemente a la nación. Esta política es la que os ha llevado a la división y al odio y a la corrupción, lo que ha propiciado la aparición de los populismos que,  pretendiendo combatir la injusticia,  cometen la estupidez de asegurar que la única forma de restablecerla es destruir el sistema que lo hace posible, no han encontrado mejor manera de restablecer los valores con los que se identifica la mayoría social que a través de la injusticia de destruirlo todo y empezar  de cero, como si  fueran hombres hechos con otro molde inmunes a la mentira, a la estupidez y a la corrupción y por tanto, paladines de la justicia. La verdad es que vuestro sistema  tiene vías de agua más que preocupantes que amenazan con hundir el barco si no las taponáis, pero si la solución que dan los populismos  es hundir el barco y construir otro nuevo, pronto tendréis el mismo problema, o peor, así  que el Señor os coja confesados. 

   A ver si lo entendéis, vuestro problema no es que no sepáis cuál es la verdad de este cuento, el cuento que os entretiene, os trae y os lleva, os ocupa y preocupa, os enfrenta y os une, es la estupidez, no busquéis la verdad en ningún partido, en ninguna ideología, en ninguna religión,  y tan estúpido es un burgués como un proletario, tal estúpido un liberal como un extremista, tan estúpido un demócrata como un populista, pues vais cada cual a lo vuestro y lo que pretendéis es poder para implantar los postulados de vuestra ideología, pero ocultáis que ninguna ideología garantiza la justicia, ni la igualdad, ni la libertad,  ni la seguridad. ¿Cómo va a garantizar todo eso una ideología si por definición es parcial, sectaria y excluyente?  Y no es suficiente que sostengáis que una ideología de izquierdas es más justa que una de derechas, pues que sea mejor o peor no soluciona ningún problema, es más, lo agrava, pues os desune aún más, de tal modo que cuando está en juego el interés general, no solo no os ponéis de acuerdo para garantizarlo, sino que os echáis la culpa unos a otros de que se haya llegado a esa situación, nadie asume su responsabilidad. Sois patéticos. Necesitáis urgentemente encontrar el concepto clave que os permita resolver el problema que os aqueja, al modo en que Platón  resolvió el de su época con el mundo de las Ideas.  Pero me temo que no lo vais a conseguir porque aquí, en la Tierra, todos tenéis razón y nadie admite no tenerla, así que tenéis un camino largo por recorrer. Tal vez si supierais lo que es la vida..., pero tampoco lo sabéis. 

   El gran logro de vuestra democracia ha sido generalizar los impuestos, arbitrar un sistema tributario que persigue distribuir mejor la riqueza y crear bienestar material al ciudadano por medio de inversiones en bienes,  servicios e infraestructuras. Y eso está bien a pesar de que se ha hecho a costa de ser cada vez más dependientes del poder,  pues ahora el Estado se ha dado por aludido y se arroga la misión de cuidar de vosotros, de encargarse de vuestra “procura existencial”, lo cual a primera vista está muy bien, pero os resta libertad, iniciativa y creatividad al depender cada vez más de él, de manera que individualmente cada vez contáis menos y el Estado cada vez está en más sitios ocupando parcelas de libertad que deberían ser vuestras,  así que de cualquier forma no podéis escapar a vuestro destino porque está marcado por la mentira. Dicho de otro modo: vuestros más altos ideales al final  los engulle la mentira.  Con vuestro estado social puede que hayáis resuelto algunas situaciones de injusticia, pero habéis creado otras y habéis alimentado el abstencionismo y el fraude. En resumen, presumís de ser libres, pero no lo sois en absoluto. 


domingo, 7 de agosto de 2016

YO MISMAMENTE (V)

   



    Derrumbadas las ideologías que os prometían un paraíso en la tierra resistieron otras más modestas basadas en el respeto a la ley,  que no prometían nada del otro mundo, pero tampoco imponían nada, lo cual  ha contribuido a crear un clima de mayor entendimiento y fructífera relación entre vosotros,  aunque todo sea pura apariencia, pues la trastienda de vuestra convivencia está repleta de cadáveres de todo tipo,  pero es que en vosotros no puede ser de otra manera,  no se salva nada ni nadie del veredicto del disimulo  y el fingimiento, la traición y demás  efectos de la soberbia, la envidia y la estupidez.  Sin embargo,  este status quo que sobrelleváis con resignación no solo  evita males mayores, sino que no ha sido superado por ningún otro en lo que a su funcionamiento se refiere, es decir, habéis asumido que Hobbes llevaba razón y que una manera de sujetar el lobo que albergan vuestros genes es “obligaros” a respetar las leyes a cambio de “libertad”, situación que se corresponde muy bien a la del  burro que persigue la zanahoria que su dueño ha puesto delante de sus narices para que ande, pero que nunca alcanzará porque quien controla el palo y la cuerda que sujeta la zanahoria es él, una gran idea, pues habéis entendido que un régimen que no respeta las libertades individuales no puede esperar que sus ciudadanos respeten sus leyes de buen grado. Y en eso habéis acertado, pues la ilusión es un potente motor de cambio que os ha permitido acceder a lo que llamáis  vuestro  Estado Social y Democrático de Derecho, que se estableció  en gran parte de vuestro mundo cuando en el otro aún se imponía una dictadura totalitaria, que por definición es una fábrica de zombis, pues en ellas todo está planificado para que el individuo no se moleste ni en pensar, solo en obedecer a base de adoctrinamiento ideológico, desinformación pura y dura para perpetuarse en el poder, lo que llamáis «el problema de Orwell», y si no la sigues te fuerzan o te eliminan. Es vuestra tragedia como humanos: por fuera os presentan un mundo limpio repleto de ideales cuya consecución requiere grandes esfuerzos y sacrificios, en el que se exalta el patriotismo, el valor, el honor, la libertad…, con la promesa de que al final del camino está el paraíso, pero la realidad demuestra que es todo lo contrario, que ese mundo no existe, que lo que existe es un mundo de embusteros, corruptos, traidores, mangantes, aprovechaos y asesinos. Hay un libro vuestro que refleja muy bien  la parodia de vuestro mundo titulado «Don Quijote de la Mancha», en el que el pobre caballero, influido por sus lecturas caballerescas, se imagina esa Arcadia ideal por la que merece la pena luchar,  y se echa a la calle dispuesto a acabar con la injusticia del mundo  creyéndose un héroe cuando en realidad es un simple labrador y, como era de esperar,  es el mundo el que acaba con sus ilusiones  porque el mundo es como es, no como él lo imaginaba. 

   Y sucedió lo que tenía que ocurrir, que todo se derrumbó, se vino abajo, pues la mentira no podía seguir sustentándose por más tiempo, era demasiado grande y cayó por su propio peso cuando se comprobó que a pesar del tiempo transcurrido, los recursos empleados, las vidas sacrificadas, y el dolor y el sufrimiento causados,  os encontrabais en el punto de partida todavía, y  cuando cayó  comprendisteis  desengañados que las utopías tocaban a su fin, como en Don Quijote, y que ya, en el terreno de las ideas, solo os quedaban los conceptos para responder a los problemas filosóficos de la vida,  y ahora,  las únicas ilusiones que os quedan es entender por qué estáis aquí, algo que constituye vuestra utopía más digna, pues todo lo demás es física, ciencia y tecnología, contactar con extraterrestres, viajar a otros planetas y cosas por el estilo, y a nivel personal, que os toque la lotería, pero en el terreno de las teorías y los pactos sociales se acabó lo que se daba, pues las ideologías lo que han demostrado es que son herramientas de control social para anular la conciencia libre del hombre y convertirlo en masa manipulable, Platón no da para más, y os disteis  cuenta de que no había más cera que la que ardía, ante lo cual  os sobrevino el desencanto y os abandonasteis al hedonismo,  y al consumismo,  y al exceso, y  la diversión para soportar vuestra insoportable levedad mientras que vuestros valores iban sucumbiendo a vuestra humana condición.  Una sociedad que no sabe compatibilizar bienestar y respeto es una sociedad corrompida, y la vuestra lo es, pues no os respetáis ni a vosotros mismos, no es respetable una sociedad que permite que una ínfima minoría controle la riqueza y el poder de un país mientras que la inmensa mayoría malvive en condiciones infrahumanas. Como ejemplo de lo que os digo tenéis a Brasil, que en una especie de huída hacia adelante ha organizado unos Juegos Olímpicos cuando no puede pagarle ni a sus médicos.

   Lo que viene a demostrar que  Hobbes sigue vigente, que acertó en su pronóstico, lo que pasa es que su solución es demasiado brutal, demasiado inhumana, pero acertó, solo que el poder no puede estar en manos de un solo hombre, pues inevitablemente abusaría de él de manera intolerable como han abusado todos los que han acumulado poder, de ahí que eligierais a Locke, menos racional, pero más razonable. Este es vuestro gran problema, que no sabéis gestionar el poder porque vuestro egoísmo es innato. Ahora bien,  la democracia, con ser la menos mala  de las posibles forma de gobierno lo es porque le  ha ocultado las uñas al lobo que lleváis dentro,  pero sigue en estado de guerra latente y aflora provocando conflictos internos constantes que obedecen a pugnas por el poder, el más famoso de los cuales lo sufristeis con el magnicidio de Dallas,  que acabó con la ilusión de millones de seres humanos, y más tarde con el llamado Watergate, que vino a confirmar que ni siquiera el país más poderoso de la tierra da ejemplo de honradez, lo que viene a demostrar lo mucho que la valoráis como norma de conducta y lo poco que la practicáis,  y esto por mencionaros a dos de los más señalados y conocidos escándalos de vuestra historia reciente, o guerras absurdas que han costado y siguen costando miles, millones  de vidas, como la que provocasteis en el sudeste asiático, Afganistán y  Oriente Medio, que  han originado un terrorismo atroz que a su vez originará más guerras.

   Os daré un dato de vuestra España desde la que escribo: no hay un solo pueblo en ella, por pequeño que sea, cuyo alcalde no sea corrupto. De ahí para arriba, todo lo que podáis imaginar.  Estimación que puede extenderse al resto de vuestro mundo. Es decir, vivís en un mundo corrupto porque sois  corruptos,  lo que en él prevalece es la ley de la selva. Esto siempre ha sido así y siempre lo será.


domingo, 31 de julio de 2016

YO MISMAMENTE (IV)





   Y para qué hablaros de vuestra Segunda Gran Guerra,  no tuvisteis suficiente con la primera que también provocasteis la segunda,   que en esto no hay quien os gane en toda la galaxia,  si en la Primera fueron treinta millones de muertos en la Segunda  llegasteis a los cien, cifra estimativa,  una guerra que podríais haber evitado  si en lugar del ánimo de revancha os hubiera guiado la generosidad con el vencido, pero ya que no lo hicisteis al menos podíais haber impedido que se os subiera a las barbas, pues le consentisteis tanto que cuando reparasteis en vuestro error  ya era imposible evitar el conflicto,  otra prueba más  de vuestra estupidez que os condujo a una división en bloques ideológicos irreconciliables que provocó otra guerra, la que llamasteis “guerra fría”, que no hizo sino prolongar la anterior  y que estuvo a punto de desencadenar una guerra nuclear, pues emprendisteis una insensata carrera armamentística en la que empleasteis una ingente cantidad de recursos materiales y humanos que podíais haber empleado en combatir el hambre y la injusticia en el mundo, pero sois como sois, el miedo os domina y le ponéis precio a vuestra seguridad, un precio muy alto que pagaréis caro, pues os estáis entrampando con el futuro y este os pasará factura cuando menos lo esperéis. La tensión permanente a la que os ha conducido  vuestra desmedida ambición y afán de dominio con el telón de fondo  de las ideologías os conduce al insomnio y a la zozobra permanente, mala cosa, pues el insomnio afecta al cerebro y os impedirá razonar adecuadamente. Un panorama escalofriante.

    Y es que lo vuestro es de tumbona de psicoanalista, la única cosa que tenéis capaz por sí sola de salvaros a todos de la autodestrucción, me estoy refiriendo al  amor, apenas si lo utilizáis para compadeceros del débil, del desgraciado, del niño abandonado, del animal maltratado…,  sin embargo el odio, que es algo ajeno a vosotros, que no está en vuestra naturaleza en el sentido de que no podáis prescindir de él, lo empleáis de manera sistemática como arma incluso contra vuestros propios hermanos, contra vuestros padres, contra vuestros propios hijos a nivel personal, o bien como arma política  para manteneros en el poder o para alcanzarlo,  para azuzar a otros contra vuestros rivales, o lo dirigís hacia un grupo o clase determinados por pura envidia, o sencillamente porque no os caen bien, o por venganza… Tenéis miles de ejemplos en vuestra dilatada historia que os ha llevado a guerras y a toda clase de conflictos sangrientos a causa del odio,  el más devastador es el generado entre árabes y judíos  y entre cristianos y musulmanes, pero se extiende a todos los ámbitos, odio entre pueblos, entre familias, entre razas, entre etnias, entre ideologías, entre clases sociales…,  El odio lo empleáis como arma de dominación a pesar de que os puede aplastar a todos, pero como os permite avanzar, lo empleáis para vuestras conquistas, está detrás de todos vuestros actos de una manera más o menos evidente, de manera que se puede decir que es el verdadero motor de la historia. Así que vuestro admirado Marx se equivocó, el motor de la historia no es la lucha de clases, es el odio. Está en la historia, está en la Biblia, está en  los griegos, que se odiaban entre sí,  está en los romanos, que odiaban a los etruscos porque eran más cultos y refinados que ellos, está en los nacionalismos, que necesitan generar odio contra sus contrarios para lograr sus fines,  como lo necesitan los radicalismos de cualquier signo para desacreditar y combatir a sus enemigos, y está en el yihadismo, que odia a occidente y a todo lo que representa. Es decir, que sin odio vuestro mundo sería una balsa de aceite, pero no podéis prescindir de él a pesar de que os aniquila.  Os debe asustar la paz.

    Todos tenéis el mismo origen, todos nacéis nacéis iguales, sin embargo la diferencia entre vosotros la marca la cuna o el dinero, o ambas  cosas, antes eran los estamentos, ahora son las clases. Pero todo es pura apariencia, pues en cuanto a comportamiento las clases humildes dan más ejemplo de honestidad que las poderosas, no porque sean de una pasta diferente, sino porque no pueden hacer otra cosa, no pueden defraudar a hacienda, por ejemplo,  que es lo que hacen los que pueden. Esta realidad es catastrófica, pues “los de arriba”,  que en consonancia con su posición debieran observar una conducta ejemplar para ser el paradigma de “los de abajo”, se corrompen vilmente dando un pésimo ejemplo a la sociedad en general. Esta contradicción hace mucho daño, pues  los ciudadanos pierden referentes y su moral se resiente, como se resienten los vínculos entre unos y otros, como se resienten los valores y la fe en la justicia, lo que aboca a una sociedad sin fe en sí misma esclava del  relativismo. Así que si en algún momento de la historia constituyeron un modelo a seguir, ya no lo son, en realidad nunca lo fueron, por tanto ya no son referentes de nada ni de nadie. Una auténtica desgracia, pues los ciudadanos de a pie, los que eligen a vuestros dirigentes para que os gobiernen, no tienen en quien mirarse, ni mirando hacia arriba ni mirando hacia abajo, de manera que cada vez es más grande la brecha  que existe entre vuestra clase gobernante  y los gobernados, entre las clases pudientes y las trabajadoras.   

   Tanto hablar  de lucha de clases,  a la que una parte de vuestro planeta le dio categoría de motor de la Historia, para daros cuenta al final de que es otra inmensa mentira por la que han muerto millones de seres humanos, otra prueba más de hasta qué punto ideología y razón no casan,  pues desde ella se han cometido las mayores barbaridades y si ha acabado con algo ha sido con los sueños de quienes creyeron en ella convirtiéndolos en pesadilla. No parece sino que no queréis reconocer que sois contradictorios, que no os mueve una sola cosa, que os dejáis llevar por las emociones más que por la razón, y que hay cosas como la libertad y la justicia y la igualdad por las que siempre lucharéis a pesar de que son solo conceptos, pero como meta a conseguir son inalcanzables, de lo cual se aprovechan quienes aspiran a alcanzar el poder para imponer su credo, pero en realidad su objetivo es dominar,   controlar la economía para favorecer a los suyos, objetivo que está detrás de todas vuestras luchas.  Pero siendo esto cierto, también lo es que,  solventada la cuestión económica, os mueven  cosas más espirituales,  como el afán de conocimiento y el arte por ejemplo,  sin los cuales el hombre aún estaría  en las cavernas. También os conmueven  cosas como la religión, que nada tienen que ver con la lucha de clases, sino con la de las creencias, sin embargo   son también motores de cambio, pues ayudan al hombre a ser feliz, y si algo busca el hombre en esta vida es ser feliz, pero la lucha de clases no conduce a la felicidad, sino a la dialéctica permanente que si conduce a algo es a la frustración. Cientos de millones de muertos en aras de una utopía y sufrimientos sin fin para alumbrar una sociedad sin clases y la realidad ha demostrado que el presupuesto era falso porque considera al hombre simple materia. Y no pasa nada, sus partidarios, pese a la terrible experiencia, siguen creyendo que es posible construir una sociedad sin clases sobre los mismos supuestos, siguen creyendo que el motor de la historia es la lucha de clases, y dan por bueno tanta muerte, tanto sufrimiento, al fin y al cabo, dicen,  la Iglesia, que predica el amor, también tiene muchos muertos a sus espaldas y sigue ahí, defendiendo una creencia falsa.  Os falta imaginación, cuando alguien os recuerda los muertos que tenéis en el armario de la historia y sobre vuestras conciencias respondéis “y tú más”. Sois como niños.