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viernes, 10 de enero de 2020

REBELDÍA









La rebeldía siempre es fascinante porque pone en cuestión el sistema establecido, lo que ha permitido a la humanidad avanzar, pero lleva implícita el caos.
Nos podemos rebelar contra Dios,pero la alternativa es el ateísmo, que viene a proponer que solo la razón humana existe, es en ella en la que hay que creer. ¿Y adónde nos ha llevado eso? A la destrucción del planeta, estamos acabando con los recursos y no hay manera de pararlo. Y si lo paramos nos hundimos.
Podemos rebelarnos contra el capitalismo, un sistema perverso como el hombre mismo, esclavo de la avaricia, pero la alternativa es el comunismo, un sistema más perverso aún y con efectos devastadores sobre el ser humano, que lo convierte en esclavo del poder.
Podemos rebelarnos contra la familia, un reducto en el que tus mismos padres pueden destrozarte la vida, pero es el único refugio donde puedes realizarte y recibir amor, el único al que puedes acudir en los momentos difíciles, ningún otro invento propuesto por el feminismo militante es válido.
Podemos rebelarnos contra la injusticia, en definitiva, pero nunca podremos acabar con ella. Es más , nadie nos garantiza que el nuevo sistema será mejor.
Hemos avanzado a base de rebeldía, pero no hemos solucionado ningún problema, Y nos encontramos con que no creemos en Dios, no creemos en el ateísmo, no creemos en el capitalismo ni creemos en el comunismo. No creemos ni en nosotros mismos. Somos una sociedad descreída sumergida en el individualismo y el relativismo moral que nos conduce al nihilismo. Ni siquiera creemos en lo evidente, en el cambio climático, que amenaza con acabar con la vida del planeta. Con esto es con lo que hay rebelarse, pero resulta que tenemos que dejar de consumir, dejar de crecer, dejar de competir, dejar de enriquecernos y conformarnos con poder alimentarnos decentemente todos los días. Y salir a las puertas de nuestras casas a charlar con los vecinos, y comer toda la familia alrededor de una sartén, y vivir de los frutos de la tierra como toda la vida de Dios, obedecer a menos que nuestras madres se quiten la zapatilla, y creer que cuando muramos tendremos una vida mejor... Y pasado el tiempo volver a rebelarnos y vuelta a empezar.
Muy buena la rebeldía, nos ha llevado de creer en Dios a no creer en nada. ¿Es que no hay nada más o es que es verdad que la estupidez humana es infinita?

viernes, 27 de diciembre de 2019

EL TEMA DE LA NAVIDAD



Hoy me voy a extender un poco, literariamente hablando, sobre el tema de la Navidad.
¿Cuál es el tema de la Navidad? A veces ocurre que uno quiere escribir algo y a tu cabeza solo acuden ideas confusas y difusas que se entrecruzan entre sí, como si las envolviera una niebla fría e impenetrable. Para aclararse un poco y abrirse paso entre la espesura, piensa en los temas de todos los tiempos que han inspirado a los grandes y a los pequeños escritores, y te topas con los mismos de toda la vida: la vida, la muerte, el amor, el odio, el paso del tiempo, los viajes, la avaricia, la hipocresía, la envidia, la traición, la soberbia, la inocencia…
Antes de llegar a tu destino le das un repaso al tema de tu propia vida. ¿Cuál es el tema de mi vida? ¿Qué tema ha desarrollado uno a lo largo de su vida que destaque sobre otros? ¿El amor? ¿El odio?¿El egoísmo? ¿La generosidad? ¿La soberbia?... ¿El pesimismo? ¿El optimismo? ¿Lo apolíneo? ¿Lo dionisiaco?...
Y así, avanzando en la oscuridad en busca de la luz, te preguntas ¿cuál es el tema que predomina en la vida? Y aquí, para ver luz acude uno a las grandes obras de la literatura. Por ejemplo a «La Celestina», una de las obras cumbre de la literatura española y universal, y a «El Quijote», que supera a la anterior en universalidad y riqueza. En la primera nos topamos con la codicia, la lujuria, la astucia, la traición, el amor, la muerte… Sin embargo es una historia de amor.
Y si nos centramos en «El Quijote» vemos algo insólito: que el insigne caballero lucha contra todo esos vicios que se manifiestan en la obra de Alejandro Rojas. Y para hacerlo se engaña a sí mismo, sublime actitud plenamente justificada pues de lo que se trata es de luchar contra la injusticia y ayudar a los débiles y menesterosos, cosa que solo puede hacer un caballero que, como es preceptivo, necesita tener su dama, la sin par Dulcinea, que es una simple campesina pero que él la tiene por princesa y bella entre las bellas. No duda en enfrentarse a los molinos, que para él son gigantes, aunque muerda el polvo en tan desigual batalla. Y para reafirmarse a sí mismo la bacía de barbero es para él yelmo de Mambrino, que torna invencible a quien lo lleva… Puede decirse, pues, que don Quijote es un idealista, lo demuestra en todos sus actos, sobre todo cuando, por amor a la libertad y a la justicia, libera a los galeotes y estos, en agradecimiento, le dan una paliza que lo dejan malparado. En resumen ¿cuál es el tema de El Quijote? La lucha del hombre por hacer realidad sus sueños.
Fijaos. Don Quijote se engañaba a sí mismo, pero denuncia las injusticias del mundo y lucha por acabar con ellas desde la integridad propia de un caballero. Sin embargo, ¿no se engañaba también a si mismo Calisto en su alocado deseo por conseguir los favores de su amada Melibea sin respetar principio alguno? ¿Y qué consiguió con ello? Dejar un rastro de muerte que le alcanzó a él mismo. Sin embargo, Don Quijote dejó un rastro de vida por donde pasó. Y admiramos en él su maravillosa locura. No así a Calisto, que se dejó llevar de su egoísmo por satisfacer su pasión desencadenando con ello la tragedia. Don Quijote llevó su pasión por ayudar a los demás y combatir la injustica a perjudicarse a sí mismo, luchó por un mundo mejor; Calisto solo luchó por satisfacer su lujuria arrastrando a la muerte a quien participó de su locura. En El Quijote vemos generosidad, en La Celestina, todo lo contrario. Aunque en ambas late la visión pesimista del mundo.
Pero lo que se pone de manifiesto es que, guiados por la generosidad o por el egoísmo, nos engañamos a nosotros mismos. Pero también se evidencia que, incluso en esto de engañarse a uno mismo, no es igual hacerlo desde el egoísmo que guiado por la generosidad. El egoísmo es muerte; la generosidad es vida.
Así que la cosa está clara. Si tuviéramos que destacar el tema predominante de la Navidad la palabra que nos viene a las mientes es la generosidad, ese concepto opuesto al egoísmo que acompaña al amor, capaz de vencer a la muerte. Aunque nos engañemos y luego descubramos que detrás está el egoísmo, pero detrás, no delante de la generosidad. Es lo que diferencia al personaje de Calisto de El Quijote.
¿Quién que sea generoso se atreve a decir que odia la Navidad?
Pues disfrutad de la Navidad, época de aguinaldos, de regalos, de DAR.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

EL ÚLTIMO DEBATE






Tomando como paradigma lo que está pasando en Cataluña, donde la manipulación política, histórica y cultural ha creado una realidad falsificada, es decir, un mundo aparte sustentado por la mentira, en el que viven y conviven tristemente los descerebrados del separatismo, me pregunto qué mundos defendían la otra noche los cabezas de lista de los políticos que participaron en el último debate. Porque si algo podemos decir con certeza es que ellos no fueron al plató televisivo a decir la verdad, fueron a ganarse el voto de los ciudadanos, por tanto, a ocultarle verdad, solo dijeron la verdad que les interesaba, o sea, aquella que perjudicaba al rival, pero callaron y soslayaron la verdad que les perjudicaba a ellos. ¡Pero si todos la sabemos! 

   Desde mi punto de vista los más honestos fueron Abascal e Iglesias, que no ocultaron lo que son, el primero no tuvo que decir que representa a la derecha más derecha de España para que lo entendiéramos (yo no vi en él al fascista que otros sí ven), y el segundo no tuvo empacho en decir que él representa la ideología comunista, algo que ya sabíamos, pero que lo dijera aclara muchas cosas, entre otras que representa a una ideología totalitaria. De ello debe de ser consciente, como Abascal debe de saber que su ideología entronca con una forma autoritaria de hacer política. Ambos,pues, en ese aspecto fueron honestos. 


  Pero quede claro, que exista Iglesias y Abascal se debe, fundamentalmente, a que PP y PSOE, el bipartidismo reinante, no solo han robado a manos llenas, sino que para poder gobernar han necesitado de los partidos nacionalistas-separatistas, es decir, de partidos que desprecian a España, la odian y la atacan, atacan su historia, su cultura, su lengua..., atacan a sus instituciones y a sus gentes. Es decir, han formado parte,como cómplices o encubridores, de la manipulación que el separatismo catalán ha desarrollado y desarrolla en Cataluña,  que nos ha llevado a una situación que, ahora, esos mismos partidos, no saben ni se ponen de acuerdo como solucionar. 


Es decir, no solo nos han robado, sino que nos han estafado, no han tenido en cuenta los intereses de España como nación soberana y los de los españoles como ciudadanos con derecho a ser iguales y disfrutar de los mismos derechos de los que disfrutan quienes se han valido de leyes injustas y políticos corruptos, han tenido en cuenta solo los propios, los de su partido.


   Y lo peor es que no se atisba ningún cambio de postura, pues está claro que el PSOE volverá a pactar con los separatistas y sus adláteres, cuando si fuera coherente con quien debería hacerlo es con el PP, pero ninguno de los dos contempla esta posibilidad ni de lejos. Y lo malo es que Ciudadanos ha perdido fuelle por los errores cometidos y no va a ser decisivo para sumar.


Así que tiene razón Pérez Reverte, tenemos a los políticos que nos merecemos porque somos como somos, nos roban, nos estafan, nos engañan y los seguimos votando. Nos obligan a vivir en un mundo sustentado por la mentira. La diferencia con el que viven los separatistas es que ellos no lo saben y nosotros sí. 


  Solo nos falta poner el champán en el frigo para celebrarlo. 

sábado, 2 de noviembre de 2019

IDEAS Y HECHOS






Hay algo que quiero dejar claro respecto a mí.

Muchos de los amigos con los que yo me relacionaba han dejado de frecuentarme porque, llegado el momento, no hemos coincidido en el debate de las ideas. Y ya ni me saludan. Esto es triste porque a todos ellos les tenía un afecto especial que, por la falta de relación entre nosotros, se ha ido enfriando. Detrás de esta lamentable situación está la ideología, que separa a hermanos, separa a familias, separa a amigos y, en definitiva, divide a la sociedad en buenos y malos. Esta realidad, este aspecto indeseable que apareja abrazar una ideología es la que yo no puedo compartir. Para mí no importa lo que pensemos o lo que creamos,lo que verdaderamente importa es lo que hagamos, esto es lo que nos define, nuestros hechos, no nuestras ideas.
La ideología,para aquellos que no lo tengan claro, es un conjunto de doctrinas más o menos ajustadas a una realidad que adolecen de un grave defecto: son erróneas, y se ponen al servicio de los intereses de una clase contra otra. Es decir, que el interés central de una ideología es identificar contra quién se va a utilizar, identificar al enemigo, en una palabra, para una vez identificado atacarle por todos los flancos para vencerlo y destruirlo. Esto es lo que ha hecho, por ejemplo, el marxismo en aquellos países en los que se ha impuesto y lo que sigue haciendo ahora de manera sistemática. Y lo que hizo el nazismo hasta que fue derrotado. Pero los marxistas no se avergüenzan de ello, los seguidores de esta para mí errónea ideología, como ha demostrado la realidad, no solo no se avergüenzan sino que se jactan de odiar y desear la destrucción de la ideología que se opone a la suya. Que es lo que hacen todas las ideologías extremistas con resultados catastróficos.
Queda demostrado,pues, que la ideología margina a la razón, la nubla, ya no se trata de combatir a la ideología enemiga porque sea injusta, se trata de seguir combatiéndola como coartada para participar en el reparto del pastel político, y si se presenta la ocasión, apoderare de él por completo y solo ellos participen de él. Estos son los hechos,que son los que verdaderamente importan.
Yo no puedo entrar en este juego que, en esencia, es perverso. Para mí lo que importa es que todos, independientemente de lo que pensemos o creamos, tengamos una idea clara que nos una a todos: la idea de que todos navegamos en el mismo barco, y que si dejamos que se hunda por el odio que una ideología le profesa a la otra, nos hundimos todos. Fue el odio el que provocó nuestra última Guerra Civil que tanto daño nos ha hecho a todos y nos sigue dañando porque ese odio sigue ahí larvado, se manifiesta de manera clara en lo que hacen y dicen unos y otros: la Ley de Memoria Histórica es un vivo ejemplo de ello, que se este cuestionando la Transición Española, que es la mayor aportación histórica que ha hecho la clase política española por la reconciliación y que tan positiva ha resultado para España, es otra buena prueba de lo que digo.
Por tanto, reniego de cualquier ideología concebida para enfrentar a media España contra la otra media. En España cabemos todos, y si aquellos que, animados por el odio que atesoran no respetan nada, ni siquiera su unidad, no son patriotas, no son buenas personas, tengo que decirlo así porque para mí una persona que odia a otras no es buena persona. Pero es que, además, el odio es irracional y cuando la razón desaparece de la conciencia para actuar conforme a las doctrinas ideológicas, la tragedia, antes o después, está servida.
Ya lo sabéis. Aquellos amigos y amigas que se han alejado de mí porque su pensar no coincide con el mío, les reprocho que le concedan más importancia a una ideología que a la amistad. Yo no valoro a las personas por la ideología que profesen, las valoro por sus hechos.

viernes, 25 de octubre de 2019

LA INHUMACIÓN





Hubo un momento en que creí, ingenuo de mí, que la Transición Política a la Democracia había conseguido hermanar a esas dos Españas que se enfrentaron el el 36, y que a partir de ahí nos uniría a todos  la gran misión de trabajar por el progreso de esta gran nación que es España.

    Quienes redactaron la Constitución del 78 y los que hicieron posible la Transición política fueron los que militaban en bandos distintos en aquella época oscura y ominosa de nuestra Historia, o sus descendentes directos. Y hoy, los hijos y nietos de aquellos héroes, que fueron capaces de enterrar un pasado que nos dividía y enfrentaba, lo han desenterrado, han vuelto a desenterrar a las dos Españas. Por lo visto no heredaron el espíritu de concordia de sus padres y abuelos, heredaron las ansias de revancha y el odio que colonizó a aquella República, que ni supo evitar la guerra ni supo ganarla.

Ya véis, algo hemos hecho mal. Porque si la inhumación de Franco, enmarcada en la Ley de Memoria Histórica, se hubiera hecho como terapìa social,como un paso necesario para superar nuestro pasado y centrarnos en el futuro, yo la saludaría con esperanza, pero algo se ha vuelto a hacer mal porque parte de la sociedad la ha percibido como un acto de interés político más que social, y la otra como un acto de propaganda que, además, llega tarde.

Seguimos haciendo mal las cosas, ajustar cuentas con el pasado requiere altura de miras y madera de hombres de Estado. Yo no veo ninguna de esas dos cosas por ninguna parte. Mala cosa.

sábado, 5 de octubre de 2019

TONTOS, MÁS QUE TONTOS






Es curioso como uno, sin darse cuenta, a medida que va cumpliendo años, modifica la visión de las cosas. Yo, por ejemplo, con veinte años, pensaba que todos eran más inteligentes que yo. Y hoy, desde mi jubilación jubilosa, pienso todo lo contrario, que todos son más tontos que yo.
Está claro, pues, que se ha producido un cambio sustancial, pero en el fondo no ha cambiado nada, pues tanto antes como ahora lo que pensaba y lo que pienso no se corresponde con la realidad. Lo que ha cambiado es que ahora tengo más experiencia que antes y sé que todos pensamos lo mismo, todos creemos que los demás son tontos y nosotros somos muy listos. Tanto antes como ahora. Esc decir, que no nos soportamos. 
Esto, llevado al extremo, puede convertir a cualquiera que no sepa separar al trigo de la paja, en un supremacista peligroso. El ejemplo más claro y cercano lo tenemos en Cataluña, donde los independentistas están convencidos de que todos los españoles somos tontos y ellos son muy listos, por eso ellos se tienen como los verdaderos catalanes, y los otros, los que no piensan como ellos, son catalanes pero menos, porque son tontos.
Lo mismo cabe decir de los llamados "progresistas", los que profesan una ideología de izquierdas, que piensan sin pudor que los que votan derecha son tontos, pero es que los de ideología contraria piensan lo mismo, que los que votan a las izquierdas no tienen dos dedos de frente. Es lo que hay
Ya veis lo fácil que es que alguien interesado te convenza de que eres más listo que tu vecino, porque es eso precisamente lo que piensa de él. Y como lo que ocurre es que eres verdaderamente tonto, te lo crees. Que es precisamente lo que busca el "listo" que te dice que tu vecino es tonto,  o que ser de izquierdas es más inteligente que ser de derechas..
¿Somo estúpidos o no somos estupìdos los humanos?

miércoles, 2 de octubre de 2019

MEJORAR EL MUNDO







No esperéis que los políticos mejoren el mundo, ellos solo pìensan en sí mismos, son tan cínicos como egoístas, no hay más que escucharlos cuando hablan. ¿Alguien espera que un nacionalista arregle los problemas del mundo? ¡Pero si además de cínicos y egoístas son excluyentes y supremacistas! Solo puede entenderse que haya independentistas inteligentes desde el odio. De otra manera no.

Lo mismo cabe decir de todos esos movimientos que basan su discurso en ir "en contra de..." Contra los toros, contra la caza, contra el consumo de carne, contra los gallos porque violan a las gallinas... Cinismo puro. Es decir, la sociedad ha de soportar que gente a los que no les gustan los toros, trate de imponer su voluntad de que se prohiban a los sí les gustan. Alegan que constituyen un espectaculo cruento en el que se tortura al toro. Sin embargo, los de la parte contraria argumentan que donde aquellos ven tortura ellos ven arte. Por lo tanto, por ese camino no vamos a ninguna parte. Se haría necesario encontrar un tercer concepto que resuelva la polémica. Pero hasta ahora nadie lo ha encontrado, así que la única manera que tienen los antitaurinos de acabar con las corridas de toros es que el poder político las prohíba. Pero prohibir no es la solución, ya que si de prohibir se trata habría que prohibir muchas cosas, sin ir más lejos el aborto, que es un mal se mire por donde se mire.

Así que lo que el mundo necesita son personas que sueñen con cosas que nunca existieron. ¿Comprendéis ahora por qué los políticos nunca podrán arreglar al mundo? Ellos están entregados a la tarea de desprestigiar a sus rivales políticos y a mantenerse en el poder al precio que sea o a conseguirlo. ¿Vosotros creéis que un político como Torra estaría en el poder si existiera lo que se llama decencia política? Salvando las distancias, lo mismo cabría decir de Sánchez, que además de plagiar su tesis ha sido incapaz de pactar un gobierno estable. Tampoco se salva Rivera, que por ambición personal ha visto como pesos pesados de su formación lo han abandonado y ha perdido crédito, lo cual que va a perder peso político. Un político no puede basar su renuencia a pactar con Sánchez, o este a pactar con Rivera porque no se caen bien. ¿Qué broma es esa? De Casado para qué hablar, arrastra el estigma de la corrupción de su partido y cuando gobernaba Rajoy fue incapaz de impedir el referendum ilegal en Cataluña. De Iglesias no vale la pena ni hablar, sus recetas para mejorar este mundo es acabar con los ricos, como si ello fuera la panacea para instalar un paraíso en la tierra. Eso sí, él se ha hecho el suyo particular.

Ahora el problema es a quién votar en las próximas elecciones. Estamos huérfanos, os lo digo de verdad. Es para cabrearse y salir a la calle y decir hasta aquí hemos llegado, estamos hasta la constelación de Orión de tanto inútil.

Sí, necesitamos de hombres decentes que sueñen.

miércoles, 7 de agosto de 2019

CARTA A PEDRO SÁNCHEZ









Querido Presidente: 

   Lo de querido no se lo tome usted al pie de la letra, es simple fórmula de cortesía, aunque  me gustaría que  no fuera así.  

   Empezaré por decirle que no me fío de usted. No me inspira usted confianza, no emana de usted ese carisma que, por ejemplo, si tenía su compañero de partido Felipe González, al que yo voté porque vi en él al hombre que transformaría España.  Luego me decepcionó, pero esa es otra historia. Lo importante es que él tenía un sentido de estado del que usted, a juzgar por sus hechos, carece. Cuando debería ser al revés, pues seguro que usted ha disfrutado de mayores oportunidades educativas que él y conoce la Historia de España mejor que él. De hecho su tesis doctoral es todo un prodigio de originalidad.

    Le escribo porque la situación por la que ahora mismo atraviesa España no es para tomárselo a broma,  y si debo juzgarla teniendo en cuenta su trayectoria no encuentro ningún motivo para el optimismo. Pensaba yo, ingenuo de mí,  que llevaría usted  a cabo una política de acercamiento y entendimiento con los partidos a los que preocupa, real y concienzudamente,  todo lo que está pasando y lo que pasará,  no los sillones que puedan ocupar. Sin embargo ha hecho todo lo contrario, se ha acercado usted a aquellos a los que preocupa que España marche bien y harán todo lo que esté en su mano para que marche mal. Pues para ellos la consigna es “cuanto peor, mejor”.

    ¿Quiere que le recuerde alguno de esos problemas? Pues verá, son los siguientes: 1.- Políticos, el hecho de que usted aún esté en funciones es un problema que es fiel reflejo de una crisis institucional preocupante, pero a lo que se ve a usted le ha cogido con el paso cambiado, pues trata de encontrar su solución donde interesa que no se encuentre y si se encuentra no sea la que beneficia a España sino a ellos.  2.- Problemas territoriales,  ahí  tiene usted a los secesionistas catalanes afirmando sin pudor que pretenden acabar con España, y amenazan con paralizar Cataluña si  condenan a los que se alzaron contra el orden constitucional de nuestro país en un claro caso de rebelión; sin embargo el Estado pareciera que no se atreve a pararlos cuando hay serias razones para hacerlo. ¿No será que usted mira para otro lado   porque necesita sus votos? 3.- Problemas de convivencia, no solo en Cataluña auspiciados y aplaudidos por el señor Torra, a quien usted recibió en la Moncloa con un lazo amarillo en la solapa como si fuera su igual, también en las Vascongadas, donde los filoetarras homenajean a los asesinos excarcelados impunemente, escrachean a los políticos nacionales sin que pase nada y agreden a Guardias Civiles y a sus novias en los bares. Y en las Islas Baleares, siguiendo la estela de los estrategas del separatismo, se adoctrina en las escuelas y en los institutos y se está arrinconando a nuestro idioma sin que nadie haga nada. 4.- Problemas económicos, las pensiones, sin ir más lejos, no están garantizadas, la caja de la Seguridad Social está vacía, hay una crisis de productividad que viene de lejos, hay un exceso de burocracia por las competencias de las autonomía que rompen la unidad de mercado, el mercado de valores es un caos... 5.- Problemas sociales, hay tres millones de parados y una continua avalancha de inmigrantes africanos que constituyen una bomba de relojería para nuestro país. Pero es que además hay un problema de igualdad, las grandes empresas asfixian a las pequeñas, hay autónomos y falsos autónomos, hay  asalariados con buenos sueldos y otros que trabajan en precario… Todo esto crea un pesimismo emocional que afecta a la confianza en un futuro mejor ¿y sabe lo que eso significa? Claro que lo sabe. Y a lo mejor hasta le interesa que sea así, para que crezca el descontento. Y tenemos el problema de la deuda, señor Sánchez, que estamos endeudados hasta las cejas. Y un déficit galopante.   6.- Problemas educativos, no se está educando bien a nuestros niños y a nuestro jóvenes,  y nuestras universidades no aparecen en ningún ranking mundial de excelencia, y si alguna lo hace aparece en la cola. 7.-  Problemas medioambientales, la UE nos ha denunciado por la contaminación que hay en nuestras ciudades… ¿Quiere que siga? Mejor lo dejamos aquí, no quiero abrumarlo.

  Los problemas expuestos son lo suficiente graves como para acometer su solución urgentemente. Y usted lo sabe. Sin embargo no parece que le preocupen demasiado, al menos no lo demuestra usted ni se deduce de su labor institucional. Lo que a usted realmente le preocupa es conservar el poder,  su máxima preocupación. Su prioridad. Es esta actitud suya tan narcisista la que lo ha alejado de cualquier tipo de entendimiento con los partidos que están a su derecha, pues han visto en usted a un farsante, a un político de postureo que hoy dice una cosa y mañana hace la contraria.   Justificadamente además, pues no es serio que pacte usted con los enemigos de España para ser investido Presidente y al mismo tiempo le pida a la oposición que le echen una mano absteniéndose. ¿Considera usted que esto es serio? ¿La negociación que ha mantenido con el partido de Pablo Iglesias ha sido seria? No lo ha sido, señor Sánchez, toda España pendiente de esa negociación mientras usted y el jugaban al escondite. Si usted sabía desde el principio que no podía haber acuerdo. Si a esta gente los problemas que le he mencionado les importan un carajo, ellos lo que ambicionan es ocupar parcelas de poder para minar los cimientos de nuestra democracia y acabar con la idea de España, a la que detestan.  A ellos lo que realmente les preocupa es que España sea un país respetado, próspero y pujante, que ocupemos un lugar de privilegio en el mundo, que la Monarquía sea aceptada por la inmensa mayoría de los españoles, que seamos una democracia consolidada, que seamos una nación con una historia que muy pocos países pueden esgrimir, que hayamos sobrevivido a la Leyenda Negra y hayamos derrotado al comunismo, todo lo cual convierte a España en una nación de prestigio en el mundo. Esto a ellos les repatea, pues  la quieren débil y dividida.    ¡Mira que ofrecerle a Irene Montero una Vicepresidencia! Una mujer en cuyo currículo no aparece que haya trabajado nunca y que a los 15 años se afilió a las Juventudes Comunistas, de la que sabe usted que no lo va a obedecer, que seguirá las directrices de su insigne marido.  Lo mismo que ha hecho con los filoetarras para gobernar en Navarra y con los secesionistas para ser investido. ¿Comprende ahora por qué le digo que no es usted de fiar? ¿Cómo va usted a gobernar con gente así si es de lo más sectario que ha parido madre y los intereses de España son contrarios a los suyos?

   Solo espero que tenga usted el suficiente sentido común como para no volver a sentarse a negociar con ellos,  no solo porque sería malo, muy malo para España, sino porque cavaría usted su propia tumba política. Lo malo es que ya no va a poder negociar con la derecha. Así que está usted abocado a convocar nuevas elecciones, y esto, que siendo malo es lo menos malo para España, lo ha provocado su ambición de poder, o dicho de otro modo, el haber antepuesto su interés personal al general,  y ahora se encuentra en un callejón sin salida. No de otra forma se entiende que insista usted en que la derecha le facilite la investidura después de haber hecho lo que ha hecho.  Es usted una mala apuesta señor Presidente. La solución a los problemas de España no está a su izquierda, sino a su derecha. Sin embargo,  ha insistido usted en encontrarla en la izquierda. Ha equivocado usted la dirección, señor Sánchez.  No creo que sea usted el hombre de estado que España necesita para abrir esa puerta. Seguro que aún resuenan en sus oídos lo de “¡con Ciudadanos no!” la noche electoral. Eso es odio, señor Sánchez, y desde el odio no se puede gobernar un país. Fue el odio es que nos condujo a la tragedia de la Guerra Civil.

  ¿Sabe usted lo que yo haría si me hallara en la misma tesitura en la que se encuentra? Ser honrado, admitir que me he equivocado, que he cometido  errores de bulto impropios de quien aspira a regir los destinos de España. A tal fin  convocaría un pleno en las Cortes Generales para explicarlo todo y expondría la situación de manera clara, concreta y concisa. Pediría a la derecha iniciar negociaciones serias  para llegar a un pacto de Estado y abordar los problemas que nos aquejan.  Y si el pacto no es posible, convocar nuevas elecciones. Esto sería actuar con sentido de Estado, señor Sánchez.
   Esto o echarse a un lado y que el Rey nombre otro candidato, de su propio partido o de otro, que intente la investidura con más garantías que usted.  Atrévase a ser grande, señor Sánchez, porque hasta ahora  todo lo que ha hecho es propio de un enano.  ¿O es que padece usted de mal de altura?
   No le entretengo más, seguro que tiene usted asuntos personales que atender. Solo una última cosa: séale usted infiel a su palabra, a sus socios, a sus promesas, a lo que usted quiera si ello le aporta beneficio a usted y a su partido, pero nunca le sea infiel a España, no imite usted a su compañero de partido de infausto recuerdo, ese que  responde al nombre de Zapatero. Sería trágico que lo hiciera.

   Con mis mejores deseos en este día 7 de agosto de 2019, onomástica de San cayetano, patrón de mi pueblo y padre de la providencia. 
  
     

 

viernes, 17 de mayo de 2019

LAS ELECCIONES









   —¿Qué cómo se ganan unas elecciones? –se  preguntó como respuesta a la pregunta que le había formulado su amigo- Es muy compleja la respuesta, pero simplificando te diré que se ganan cuando el partido que se presenta consigue conectar con la ciudadanía en aquellos aspectos de la realidad que más le preocupan y afectan, cuando lo respalda una buena gestión, cuando sus dirigentes han demostrado honestidad y rigor en su actividad profesional y personal. Y sobre todo,  cuando a su cabeza de lista lo ampare una trayectoria brillante en lo profesional, personal  y familiar, sepa seducir al electorado,  posea un discurso convincente y sea claro y conciso en sus mensajes.
   —¿Y qué más? –preguntó impaciente el amigo.

   —Todo lo dicho quedaría en nada si luego, el director de campaña, no acierta con la estrategia a seguir, si no sabe diseñar un buen plan para contrarrestar las campañas en contra de los demás partidos y otras fuerzas con intereses espurios.  Todo tiene que estar previsto al milímetro: lemas, reproches y ataques a la oposición  y a sus candidatos, lugares a visitar, discursos a pronunciar, entrevistas a conceder, mítines a celebrar, dónde celebrarlos, cuándo y con qué contenidos… Y sobre todo la intervención en los debates. Estar al día de cómo evoluciona la intención de voto y la repercusión de las intervenciones públicas del candidato, lo que dice la prensa y los demás medios de comunicación y los demás partidos para ir corrigiendo posibles fallos errores de cálculo.

  —Demasiada literatura es esa –comentó abrumado el amigo- por ese camino no ganas tú unas elecciones en la vida. De hecho Donald Trump ganó las elecciones sin que nada de lo que tú has señalado estuviera a su favor. ¿Y qué me dices del Brexit? Pareciera que los británicos se volvieron locos votando a favor aun a sabiendas de su propio perjuicio.  ¿Quién previó que Zapatero le ganara a Aznar? Nadie, pero tuvieron lugar aquellos terribles atentados del 11M y la ciudadanía actuó irracionalmente votando a un candidato sin aptitudes para gobernar a España con garantías,  menospreciando así una trayectoria brillante del partido en el poder. ¿Y qué decir de los andaluces, que han votado durante más de cuarenta años a un partido corrupto que los ha estado esquilmando a manos llenas? ¿O de los catalanes, que le dan su confianza  a opciones políticas claramente corruptas cuyo ideario de independizarse de España es claramente perjudicial para ellos y aun así lo siguen votando? Te puedo dar más ejemplos.

   —Bueno –concedió el amigo- no he mencionado dos factores esenciales.
  —¿Y son? –acució el asesorado.
 —El dinero y la propaganda.
  —Ahí quería llegar yo.
  —Pero eso es engañar a la ciudadanía –objetó
—¿Engañar a la ciudadanía? –se burló el interesado- Á la ciudadanía le encanta que la engañen.  Es más, les dices la verdad y no la creen. Si lo que persigues es ocupar el poder no puedes decir la verdad, debes mentir. El caso más paradigmático fue Jesús Gil, que siendo todo él una mentira fue elegido alcalde de Marbella. ¡Y era un corrupto!
   —Es verdad, ganó porque sabía vender esperanza –concedió el amigo.
   —Eso es, vendía ficción y ganó, supo apelar a los sentimientos de la gente y conectaba con el humor social –abundó el otro.
   —También se gana cuando se vende miedo.
  —Eso es, el miedo puede llegar a ser un poderoso aliado para movilizar a los indecisos.


  

domingo, 10 de marzo de 2019

CAMBIAR LA REALIDAD







   Si algo distingue al hombre del animal es su obsesión por cambiar la realidad. Algunos han llevado su empeño tan lejos que en lugar de cambiar la realidad la han pervertido. En lugar de hacerlo desde el amor lo han hecho desde el odio. Han ignorado, o simplemente despreciado,  el hecho de que  al hombre no  se le cambia desde la imposición o el odio, sino desde el amor. Desde esta evidencia puede afirmarse  que la realidad no la cambian las revoluciones, la cambia el tiempo. Quienes no han tenido en cuenta esta regla tan sencilla y lo han intentado se han convertido en genocidas, aquellos que, guiados por una plausible idea de justicia, han cometido  las mayores injusticias sin pestañear por creer erróneamente que el fin justifica los medios. Es como si no nos aceptáramos como somos y soñáramos con convertir en realidad el sueño de ser de otra manera bajo unas determinadas condiciones socioeconómicas y culturales, e ignoramos que a lo máximo a que podemos aspirar es a crear un sistema de convivencia razonable bajo el imperio de la ley, y no hay más, pues todos los sistemas que han intentado superar esta sencilla fórmula bajo el argumento de que es inmoral han fracasado estrepitosamente. Han hecho de la inmoralidad su fundamento para mantenerse,  pues no hay mayor inmoralidad que bajo la invocación  del concepto de justicia se arrebate la libertad y la dignidad al hombre. Y también la vida.  

   En este aspecto somos deshonestos y falaces por creer que podemos cambiar la realidad sin cambiarnos a nosotros mismos, por creer que una idea puede más que un beso, por creer que nuestras ideas y nuestra moral son superiores a las demás y que, por eso,  imponerlas está justificado. Detrás de todas esas posturas lo que hay es egoísmo, soberbia, odio,  menosprecio y ambición de poder.  La postura inteligente y honesta que puede cambiar la realidad es  aceptarnos como somos, asumirlo con todas sus consecuencias y, desde la verdad de nuestra condición,  esforzarnos por superarla sin tomar atajos. No es honesto tirar  la piedra y esconder la mano, no es honesto adoptar estrategias para ocultar lo que somos, no es honesto recurrir a  posturas indignas  para conseguir sin esfuerzo lo que requiere esforzarse. Es lo que hace el estudiante que en lugar de estudiar y sacrificarse por superarse emplea sus energías en tratar  de aprobar el examen de forma fraudulenta, o el  político,  que te dice que está trabajando por ti y en realidad lo hace por sus propios intereses, o el idealista que cree que el hombre puede crear un paraíso en la tierra sin tener en cuenta su codicia y su tendencia a lavarse las manos ante cualquier situación comprometida para él.

   Somos tan vulgares que despreciamos a los demás por no despreciarnos a nosotros mismos, soslayamos  la verdad  porque te crea enemistades y te margina.  Es más rentable abrazar una mentira que te permita  medrar y sentirte arropado por quien cree en la misma mentira, pues al final, a base de repetirla se convertirá en verdad, y se unirán  todos  los que vean en ella una oportunidad para ocultar sus complejos y alimentar su perdido orgullo. Son gentes que nunca son conscientes del daño que hacen, es más, están seguros, respaldados por su mentira,  de que actúan correctamente y que el perjuicio que  pudieran causar es menor que el que tú les causas a ellos oponiéndote a su locura,  así que  encima debes de estarles  agradecido. Hasta pasan por ser justos y buenas personas cuando son más dañinos que el granizo, gentes que  jamás han hecho nada por mejorar el mundo, pues solo les importa el suyo. 

   Reprocharles su actitud ante la vida es perder el tiempo, están muy pagados de sí mismos y se revolverán contra ti. No les importa lo que les digas porque están convencidos de que sus ideas son superiores a la tuyas, que su causa está por encima del bien y del mal simplemente porque es suya. 

  Las únicas revoluciones que han cambiado el mundo a lo largo del tiempo han sido la del Neolítico y la liberal. Las demás han sido patéticos intentos de romper la barrera de la condición humana que, como es sabido, se basa en la cultura de la imposición. 
  





martes, 20 de marzo de 2018

CLARO Y MERIDIANO




  




   La pregunta que hoy me hago, a la vista de los acontecimientos que vienen marcando nuestro día a día, que ponen a prueba nuestra conciencia y desafían nuestra capacidad de raciocinio, que unas veces nos desconciertan, otras  nos horrorizan y las más  nos angustian, inquietan y afectan en definitiva a nuestras vidas, es la siguiente: «¿Podemos presumir de tener  algo meridianamente claro en esta vida?››

   Porque digo yo, tal vez de manera ingenua, que si tuviéramos las cosas claras esas cosas que pasan que ponen a prueba nuestro equilibrio mental no pasarían. ¿O pasarían igualmente? Ni siquiera esto lo tenemos claro, aunque la lógica nos dice que «esas cosas que pasan›› que alteran nuestras vidas y desafían nuestra fortaleza de ánimo no pasarían si lo tuviéramos todo claro.  ¿Lo sucedido estos días en el barrio de Lavapiés ha sucedido porque tenemos las cosas claras o por todo lo contrario? Para mí  es de una lógica aplastante deducir que si lo tuviéramos todo claro  nada de lo que ocurre que atenta contra la vida ocurriría. Lo que ya no tengo tan claro es si sería  bueno.  ¿Cómo sería el mundo si tuviéramos las cosas claras? ¿Existirían las religiones? ¿Habría tenido lugar la I Guerra Mundial? ¿Habría nacido la Unión Soviética? ¿Habría subido Hitler al poder? ¿Sería Donald Trump presidente de EEUU? ¿Habría surgido Podemos?¿Habría llegado el independentismo catalán a desafiar al Estado? Causa desazón saber que la única cosa clara que tenemos los humanos es que tenemos que morir. Es decir,  que tener  las cosas claras está relacionado con la muerte. Así que si escuchamos a alguien decir “yo lo tengo todo claro” lo mejor es salir corriendo porque puede llevar una bomba escondida en su bolsillo.   Eso de “las cosas claras y el chocolate espeso”  lo dijo alguien al que le gustaba el chocolate bien hecho, pero no tenía las cosas claras. Nadie las tiene ni puede tenerlas. 

  Saber esto, saber que los humanos no tenemos nada claro, debiera volvernos más humildes ¿no? Pues sucede todo lo contrario. Somos soberbios y mendaces. ¿Habéis observado la actitud arrogante de Trump y Putin y de ese enano de Kim Yong Un? ¿O de Maduro? ¿Vosotros creéis que  tienen las cosas claras?  Su propia actitud los delata, se aferran  a la  idea  del patriotismo como soporte de su impostura y a los somníferos para poder dormir y dar la talla.  En política la impostura es un arma de seducción.  Luego podemos afirmar también que lo que tenemos claro es que no tenemos nada claro, lo que decía Sócrates cuando afirmaba aquello de “solo sé que no sé nada”, excepto que la muerte nos acecha. Como veis no falla, siempre que nos preguntamos si tenemos algo claro pensamos en la muerte,  la misma que  provocan y abrazan   esos zombis humanos que dicen tener las cosas tan claras que van por el mundo sembrando muerte  para alcanzar el paraíso. No puede ser de otra manera, una vez que tienes las cosas claras ¿qué haces aquí? La vida exige una búsqueda constante de la verdad, una vez que te sientes poseedor de ella la vida te sobra.  Las palabras de Santa Teresa cuando dijo aquello tan hermoso y conmovedor:  “…tan alta dicha espero que muero porque no muero”, obedecen a ese sentimiento.

   Tras lo dicho, creo que se puede afirmar que la vida desmiente de tajo todas las ideologías que nos dicen que las cosas son como sus postulantes dicen que son, las que pretenden planificar tu vida, esas que no admiten oposición y te encierran en una cárcel social, o religiosa, o cultural, o identitaria, o sexual…, las que menosprecian la vida en una palabra, pues  la vida es, sobre todo, libertad, libertad de elegir y tomar tus propias decisiones,  equivocarte porque eres humano, y volver a empezar, y hacer de tu capa un sayo,  porque si dejamos que sean otros los que decidan por ti  estamos muertos,  que es lo que  interesa a esas ideologías que lo tienen todo claro. Como veis,  la  muerte siempre aparece cuando alguien pretende hacerte creer que tiene las cosas claras, hasta el punto de que no dudan  en decirte que si no piensas como ellos eres gilipollas. O algo peor.

   Estos días atrás ha saltado la noticia de la muerte de Stephen Hawking,  ese genio de la naturaleza humana que ha desentrañado misterios insondables del universo y ha escrito libros científicos  que han sido bests sellers mundiales. Pues bien, entre las muchas frases que se le atribuyen aparece esta pregunta fundamental a la que él trató de dar respuesta: «Pregúntese qué es lo que hace que exista el Universo››, que alguna doctrina se ha atrevido a decir que existe por sí mismo. Si tenemos en cuenta que también dijo: «Debe de ser aburrido ser Dios y no tener nada que descubrir››, el desafío a nuestro intelecto es descomunal, pues nos está retando a que descubramos por qué existe el Universo prescindiendo de la idea  de Dios, ya que  Dios no puede aburrirse si convenimos en que es la Verdad y la Vida, algo que no tenemos en absoluto claro, de manera que si no sabemos esto no podemos tener nada claro. Quede claro, pues, que lo único que tenemos claro es que no tenemos nada claro, excepto que el chocolate debe de estar en su punto óptimo de espesor para estar bueno. Bueno, y alguna cosilla más que nos ha enseñado la ciencia, que se topó con el principio de incertidumbre y acabó con el determinismo.

   Ahora bien, dentro de mi incertidumbre, si algo tengo claro, es que esos que juegan a ser dioses y presumen de tener  las ideas claras, tan claras que se aburren y aburren a las piedras, tienen tan claro que no tenemos nada claro que  saben muy bien como captar a incautos que secunden sus oscuros propósitos para su mayor gloria. Estos sí  son un peligro para la humanidad en general y para el hombre en particular, pues lo mismo te convierten en un terrorista que en un zombi de alguna secta destructiva. Alguna cosa, pues, sí que debemos tener claro para no andar por la vida a tientas y a ciegas y te engañe algún iluminado de esos que tiene las cosas claras de cómo lavarte el cerebro.

   ¿Dijo algo Stephen Hawking sobre la vida? Dijo esta extraordinaria frase: «La vida sería trágica si no fuera graciosa››. Que lo dijera él, al que la vida le gastó la pesada broma de endosarle la enfermedad del ELA, es toda una lección de sabiduría. ¿Qué quiso decir? Que si no nos tomamos la vida con un poco de humor y no encontramos en ella razones para reírnos de ella  no encontraremos nada digno de ser vivido, pues todo nos parecerá trágico.  Esto nos lo enseñó como nadie Gila. O Tip y Coll. O Chiquito de la Calzada. Y Faemino y Cansado y tantos otros.  Al menos tengamos esto claro para que la felicidad no sea una quimera.

   Para concluir y no alagar más esta reflexión: tengo claro que si alguien me dice “yo tengo las cosas muy claras”, salgo corriendo como he dicho. Bueno, antes le preguntaría a qué cosas se refiere, por si se tratara de un extraterrestre.

jueves, 22 de febrero de 2018

PAN Y FILOSOFÍA





Ayer tuve la suerte de asistir a la presentación del libro "Contrapensamientos" de mi amigo Emilio Porta, a quien no veía desde hacía un tiempo demasiado largo.
La presentación tuvo lugar en la Asociación de Escritores y Artistas y Españoles y fue un acontecimiento cultural de lo más grato e interesante, por la calidad del autor y de los presentadores, de quienes destaco a mi amigo Enrique Gracia Trinidad y a su mujer, Soledad, que al alimón, y con una gracia y originalidad poco frecuentes, hicieron una presentación modélica en la que no faltó la poesía y el humor. De antología.
"Contrapensamientos" es un libro que os recomiendo porque en él vais a encontrar muchas de las claves que ocupan, preocupan y distraen al ser humano en su lucha por darle sentido a su vida.
Yo voy a destacar de este original y extraordinario libro un pensamiento, o contrapensamiento que, bajo mi punto de vista, sintetiza el título del mismo, expresa la filosofía desde la que ha sido escrito, y revela las inquietudes vitales de su autor.
La frase, que está en la página 42, es sencilla en su enunciado y contundente en su significado. Dice así: «No conozco a ningún filósofo que no coma pan. Pero conozco a muchos panaderos que no leen filosofía».
Como veis, Emilio pone de manifiesto una de las necesidades vitales del hombre que, si pretendiéramos desarrollar, nos llevaría muy lejos, cosa que no es posible abordar aquí y ahora: alimentar su cuerpo y alimentar su espíritu. Sin embargo, mientras el pan es alimento imprescindible, lo material, la filosofía es prescindible, lo espiritual. Por tanto, mientras que la filosofía no llegue a las panaderías lo mismo que el pan llega a la casa del filósofo, soñar con una humanidad diferente es arriesgado.
Podría destacar otras frases suyas geniales, reveladoras, pero alargaría este escrito más de la cuenta, y no es esa mi intención, mi intención era hablaros de Emilio Porta, un desconocido para el gran público al que vale la pena conocer. Buscadlo en la red. Os sorprenderá.
Que tengáis un feliz fin de semana.