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miércoles, 30 de octubre de 2019

DECLARACIÓN DE AMOR.





Hoy toca DECLARACIÓN DE AMOR. Es que no veo por aquí ninguna. Es algo cursi, pero el amor puede con todo:

  Tres minutos, este es tiempo que me ha dado el destino para enamorar a la mujer de mis sueños. Tres minutos antes de que se ponga el sol y las sombras invadan mi vida, tres minutos que separan mi felicidad de mi desventura. ¿Dónde encuentro las palabras que obren el milagro de abrir su corazón al amor en tres minutos si no las he encontrado en veinte años? ¿Dónde hallo la fuerza de convicción que las adorne de poesía si soy un pobre hombre que vive de sus silencios?
   ¡Cómo me gustaría llegar a ti a través de la palabra! De esa palabra que se atasca en mi garganta y se niega a salir.
 ¿Mas dónde las palabras que sean para ti perfume de sueños que abran tu corazón y despierten tu pasión a la mía? Pero ya ves, ni siquiera sé dónde buscarlas, sé que están en mi corazón, pero no sé cómo llegar a él y expresarlas, me faltan caminos para llegar al tuyo y comprender lo que sientes y cómo lo sientes para que mis palabras lo llenen, yo lo único que puedo darte es mi silencio, mi silencio y mi mirada, repletos de deseos sin definir que nacen en mi corazón pletórico de amor por ti. 
    Mírame y verás en ella las palabras que no encuentro, tal vez porque ninguna de ellas supera a mi silencio».


sábado, 4 de mayo de 2013

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER (y IV)





   -“¿Quieres decir que Dios hace “tonterías”?” –Puede preguntar alguien-  No, Dios lo que hizo fue crear al hombre. “Pero el hombre hace tonterías”. Claro, porque Dios comprendió que es preferible que el hombre haga tonterías a imponerle una conducta. “¿Como por ejemplo comerciar con la propia idea de Dios?” –podéis preguntar. Por ejemplo, ¿o acaso Dios iba a salvarse de las consecuencias de su propia creación?  Él creó la vida, lo más serio del Universo, pero vivir, esa tontería, ese milagro, depende de nosotros. Vive y deja vivir, vino a decirnos Dios, pero el mal se encarga de ponernos las cosas difíciles porque va con nosotros. Vivir puede engrandecer la vida o falsearla, vivir de verdad, entregarse a la ilusión de que cualquier sueño es posible si tenemos fe en conseguirlo es enaltecer la vida. Hay un pasaje bíblico (Marcos 5,21-43) conmovedor que narra como desde la fe, admitiendo la propia humildad, uno puede salvarse del mal. Se trata de una mujer enferma que está segura de que si logra tocar el manto de Jesús sanará. Así ocurre, logra tocarlo y sana, pero Jesús –y esto es lo extraordinario- rodeado de una multitud le pregunta a sus apóstoles “¿quién me ha tocado?” Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: "¿Quién me ha tocado?" Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad». Es decir, que la fe no sólo cura del mal ¡sino que conmueve al mismo Dios! De esta entrega para vencer el mal surge el milagro. Cuando uno se olvida de sus limitaciones y sus faltas, una “tontería”, y tiene fe en conseguir su sueño, se produce el milagro. Es decir, de la tontería de olvidarse de uno mismo surge el milagro, el mismo hecho de olvidarse de uno mismo es ya un milagro. “Pero si olvidarse de uno mismo es una “tontería” que lleva al milagro ¿a qué lleva  pensar en uno mismo?  –podéis seguir preguntanado-. Al egoísmo y a la mentira, a creernos superiores a otros hombres, a sostener que  nuestra moral es superior a la de los otros y mentir para imponerla, creer que somos  portadores de la verdad eterna y matar a quien no crea  en ella, ampararse en una supuesta identidad propia y hacer de ello un arma de separación que ampara el odio, caer en las garras de la mentira y creer que somos veraces en definitiva. Estas cosas y otras similares son las que entretienen al hombre que busca la felicidad engañándose a sí mismo y engañando a los demás, hasta que todo se derrumbe por efecto del propio peso de la equivocación. Por eso necesitamos gente que sueñe con cosas que nunca existieron, las que tenemos hoy día no nos valen para vivir. 

   ¿Qué es una catedral?  Un monumento del hombre que creía que sin Dios no era nada, pero su propia obra lo desmiente: un milagro, pues, ¿de dónde surgen las catedrales?  “¿Quieres significar con ello que Dios hace milagros cuando se olvida de que es Dios?” –Seguro que os preguntáis-.  ¿Acaso su Hijo no los hizo? Si el hombre hace milagros cuando admite su humildad imagínate Dios. “Pero eso no puede ser, el hombre  puede olvidarse de sí mismo porque es muy poca cosa, mas ¿cómo se va  olvidar Dios de quién es?” Precisamente por eso es tan difícil que el hombre se olvide de quien es, porque es muy poca cosa y tiene miedo. En cambio Dios sí porque es grande y sueña.  Repara en la diferencia: cuando Dios se hace hombre, le trae al hombre esperanza en medio del sufrimiento; cuando el hombre se cree Dios, trae la barbarie y más sufrimiento. Cuando el hombre se toma en serio la idea de Dios piensa que es portavoz de su voluntad y mata al infiel. Sólo con creerse superior a otros hombres, el sumun de la necedad, siembra la semilla de la división, la destrucción y del odio  allá donde pisa, pero cuando se ve tal y como es comprende que su curación no depende de su orgullo sino de su fe, no ve en el otro al enemigo sino al aliado. Por lo tanto es lógico y normal que esperemos que surja algún milagro del milagro de vivir.  

   Pero los pueblos olvidados lo tienen  difícil, en ellos los sueños se convierten con facilidad en pesadillas porque todos recelan de todos y todos piensan en sí mismos, y si alguien tiene un sueño se lo roban.  Los pueblos olvidados  esperan un milagro sobrenatural y confían más en una sotana que en un agricultor,  aquel les habla de salvación por medio  de la abstención, éste les insta al esfuerzo por medio de la acción, aquel les promete un Paraíso en el que ni siquiera él cree, este sólo  les promete el fruto de su propio esfuerzo, aquel apela a su fe en Dios, este a su fe en sí mismos y en la razón. Dios no es más que una idea, una idea más del hombre que utiliza como más le conviene, pero es una idea muy potente que  puede hacer milagros o barbaridades.  


   Prever es un milagro, sobre todo cuando, como en el caso del hombre, le enseñaron que prever era pensar mal de los demás: piensa mal y acertarás, máxima que ha contribuido de manera decisiva a la selección natural de la especie y a su infelicidad. Lo educaron en la resignación, en la obediencia, en la inseguridad, en el miedo, en la falta de autoestima…, de manera que para una vez que le dieron poder para  vencer a sus rivales se dejó derrotar por ellos. Permitió que la impostura saliese victoriosa con su pretendida bondad disponiendo de poder para haberla derrotado.   He aquí lo que puede cambiar al hombre y evitarle sufrimiento: la educación, lo sabemos, pero todavía no lo hemos aprendido. 


jueves, 2 de mayo de 2013

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER (III)






    Sucede que los que no saben soñar le roban los sueños a los que sueñan, sin embargo  tenemos que buscar motivos para  no desesperarnos y seguir soñando aunque nos roben los sueños. 

Desesperarse, hundirse, deprimirse es una irresponsabilidad además de un error porque nos distrae, detiene el impulso de buscar la verdad que es lo que da sentido a la vida. Y la vida, ya se sabe, es “lucha”.  El mal, pues, nos acompaña aun a nuestro pesar. La Iglesia, de la que se supone es la mejor preparada para combatir el mal por haberlo sufrido y conocido, lo lleva en su seno  a su pesar, el mismo mal que ella misma padeció. Debió advertirlo pero no lo hizo.  La razón de ser de la Iglesia es denunciar las injusticias del mundo, aquellas que señalara Jesús, pero cayó en el mismo mal que decía combatir al imponer su credo, pero el que impone comete injusticias, la injusticia causa sufrimiento, el sufrimiento es un mal. Detrás de esa postura se manifiesta un fanatismo latente que llevado a sus últimas consecuencias culmina en el odio hacia quien se aparta de la verdad oficial. Y se justifica en nombre de Dios o de la moral. La cuestión, no obstante, es si el mal que hizo queda compensado con el mal que evitó, que es lo único que puede justificarlo, lo único que puede justificar la existencia de cualquier doctrina. “Porque fijaos –permitidme que os tutee Jesús, al señalar a sus hermanos de raza sus errores, su doble moral, y postularse como un enviado de Dios, no hizo sino socavar los cimientos de su propia religión, la de los padres de Israel. ¿Cómo cabía esperar que reaccionaran  sus  hermanos de raza? ¿Iban a consentir que un nazareno cuestionara su forma de vida, su propia historia? ¿Iban a permitir que un iluminado pusiera en entredicho el propio legado de sus antepasados? De ningún modo, pero cometieron un error: para conjurar el peligro sólo se les ocurrió crucificarlo  creando con ello un mártir, un mito. Para los judíos no fue sino un acto de legítima defensa, pero actuaron sin talento. ¿Qué consecuencias tuvo aquel suceso? El nacimiento de una nueva religión que cambió la historia de la humanidad y  el odio secular a los judíos. ¿Cuánto sufrimiento  han deparado a la humanidad tales hechos? Inconmensurable. ¿Sabía Jesús que sería así? Debía saberlo puesto que era el enviado de Dios, su Hijo, luego la cuestión es: si Dios sabía  que el testimonio de su Hijo iba a causar tanto sufrimiento al hombre ¿por qué lo permitió? Sólo se me ocurre una respuesta honesta: porque sin Él el sufrimiento habría sido mayor, de lo contrario no se entendería, pues suponer que el sufrimiento es agradable a los ojos de Dios, o que nos lo ha impuesto como  castigo por el “pecado original”, no cuadra con la idea que yo tengo de Dios ni con el hecho de que nos haya hecho a su imagen y semejanza. Si aceptamos esto tenemos que aceptar también que ni siquiera Dios puede evitar el sufrimiento, en todo caso sólo limitarlo.  ¿Casa esta idea con la cualidad de omnipotencia y de omnisciencia de Dios? En lo que al sufrimiento se refiere por supuesto que no, así que ni siquiera Dios puede evitar el sufrimiento. Luego el sufrimiento es consustancial a la naturaleza, a la divina y a la humana. El hombre no sólo sufre, sino que causa sufrimiento. Por tanto Dios también sufre y causa sufrimiento. ¿O acaso no estamos hechos a su imagen y semejanza? ¿Puede admitir esto un creyente? No, porque su idea de Dios es otra, pero lo que no podrá negar es que el sufrimiento existe, que incluso Cristo lo padeció en sus carnes y ni siquiera Dios, su padre, pudo evitarlo. Los únicos que no tienen dudas son los fanáticos, que presumen de conocer a Dios y de saber cuál es su voluntad, pero no lo utilizan para hacer el bien, sino para imponer su verdad en su propio provecho despreciando la razón.  ¿Y a dónde lleva la sinrazón? Al sufrimiento más atroz. Es decir, al mal. Y el mal por el mal no tienen sentido.

viernes, 26 de abril de 2013

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER (II)



  


   Sabemos más que antes, tenemos más medios que antes, somos más que antes, pero no somos mejores que antes. En realidad ¿qué ha cambiado en el mundo?   Cuando los que lucharon contra la injusticia de una sociedad que no reconocía derechos subieron al poder cometieron los mismos excesos que denunciaban antes de acceder a él, aunque cambie el dios antiguo por el nuevo,  la fe por la razón, el manto azul por el rojo, la mano abierta por el puño. Lo único que ha cambiado ha sido la imprenta por la pluma,  la bombilla por la antorcha, la escopeta por la flecha, el misil por la catapulta, el automóvil por el carro, internet por el mensajero, el ordenador por el ábaco…,  que nos han llevado a saber más, a matar más fácilmente, a ir más deprisa, a enterarnos antes de lo que pasa, a calcular más rápido, pero no a ser mejores ni más felices, nada de eso nos ha cambiado. Necesitamos de gente que sueñe con cosas nuevas, cosas que impidan que el ser humano se siga degradando, cosas que nos unan,  talentos que sepan impedir las guerras, no políticos que las provoquen.

   Reflexionar sobre el ser humano, cuya mísera condición nada tiene que ver con su pretendido origen divino, es tan obligado como inútil pues  siempre nos lleva a la misma conclusión: su falta de talento. Esto no ha cambiado. Llevamos en nuestros genes la tendencia a la disgregación, la división y el enfrentamiento,  el impulso irracional que siempre vence al talento.  La ignorancia y la superstición dieron lugar a Las Cruzadas, a las guerras de religión y a la  Inquisición. Pero la solución no era  saber más. Saber más es cierto que deparó la Revolución Francesa que acabó con un régimen injusto sostenido por nobles, ricos y curas,  pero también la soviética que  nos trajo a Lenin y a Stalin, la guerra fría, las purgas y el Gulag. La avaricia de las potencias nos trajo  la I Guerra Mundial que nos deparó a Hitler, el holocausto   y la II Guerra mundial. La fisión del átomo originó la bomba atómica que destruyó las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, causó el desastre de Chernóbil, genera  residuos que no sabemos qué hacer con ellos y constituye una grave amenaza para toda la humanidad. Se desarrolló la industria, pero con ella apareció la contaminación, la destrucción del medio y la desaparición de especies. Se extendió  la enseñanza, pero se relajaron las costumbres y se difuminaron los valores morales al amparo del relativismo, el nihilismo y otros ismos, se perdió el respeto a los mayores y a los educadores y se generalizaron las drogas. El conocimiento desarrolló la ciencia y la ciencia la tecnología, pero también nos trajo el terrorismo, las grandes estafas, el blanqueo de dinero, la evasión fiscal. Se desarrollaron las telecomunicaciones, se va de un lugar a otro con mayor rapidez, tenemos todo el conocimiento a la distancia de una tecla…, sin embargo el hombre es cada vez más desconocido para el hombre, se pierden costumbres ancestrales, culturas milenarias, valores, no se sabe conversar, la familia se desmorona, los acontecimientos sociales han perdido su impronta.  La democracia, los derechos humanos, la igualdad hombre-mujer, el Estado social…, sin embargo se ha agravado  la violencia de género, la delincuencia se organiza en bandas cada vez más violentas,  el fraude se generaliza, el abstencionismo laboral se expande, cada vez se necesitan más cárceles y más grandes…, estamos acabando con el mundo rural, los pueblos  se mueren, a ellos  llega la televisión e Internet, pero  los vecinos y las vecinas ya no sacan sus sillas a la puerta de sus casas a charlar.  Ahora las nuevas generaciones han sido absorbidas por un nuevo alimento: la televisión basura,  las redes sociales, el “chateo” y el botellón, pero no son más felices que las anteriores, ni los guía ningún ideal más allá de enriquecerse y medrar.  La democracia trata al hombre como se merece, haciéndole creer que es libre e igual, que la justicia existe, que puede ser rico y llegar a ser feliz:  vótame, sígueme y haremos juntos un mundo mejor. ¿Mejor? ¿Para quién?  ¡Pero si el hombre no ha dejado de mentir desde que es hombre! Y lo que es peor, se ha creído sus propias mentiras para poder sobrevivir.  El pacto social es una mentira, sólo ha  servido para civilizarnos un poco, el hombre sigue siendo un ignorante, sigue vendiendo su alma al diablo para dominar a otros hombres. Hoy conviene que se desarrolle la industria porque  eleva el nivel de vida, pero mañana nos convencen de que lo importante no es el nivel sino la calidad de vida, para lo cual hay que proteger el medio ambiente. ¿Y por qué no se previó antes?  ¿Y Dios, es verdad o es mentira? Sea verdad o mentira lo cierto es que  los que creen en él no dan  ejemplo de conducta ejemplar a los que no creen.  La verdad  hará libre al hombre, sí, pero cada hombre tiene la suya, luego hay que inventar una para todos, es decir, hay que inventar una mentira en la que creamos todos. O casi todos. Es la tajada del diablo, su canon por transmitir la verdad. No hay otra forma de caminar juntos civilizadamente que mentirnos mutuamente, creernos nuestras propias mentiras, por eso cuando surge un hombre íntegro que se atreve a decir “la verdad os hará libres” se le persigue, se le desprestigia, se le margina y se le crucifica, porque pone en evidencia la mentira del mundo y socava el orden establecido.  El hombre es un niño que necesita distraerse, pero cada cual lo hace a su forma, unos pocos lo hacen soñando con un mundo mejor y otros muchos se entretienen engañando a otros niños. Pero todos buscan lo mismo: la felicidad. Es su sueño. Pero no nos engañemos, la mentira forma parte de su naturaleza, no puede escapar a ella, de manera que sólo los sueños lo distraen de tan insoportable realidad.

jueves, 25 de abril de 2013

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER (I)


  




             I
                              La  historia nos dice que un ser humano se complica la vida cuando su sensibilidad le permite ver lo que otros no ven, cuando sus observaciones  le permiten saber  que un semejante se va a caer y el único que puede impedirlo es él.  Inútil pretender que rectifique, inútil advertir, inútil rogar, inútil insistir.  No hay más  alternativa que   actuar para evitarlo; después, marcharse sin decir  nada, sin esperar nada,  sin mirar a nadie, pues en esta vida el mejor reconocimiento al que se puede aspirar es a que te olviden en vida y te recuerden cuando mueras, indicativo de que has hecho algo que ha merecido la pena, algo que nunca te perdonarán. Porque si le dices a esa persona “te vas a caer”, no sólo no te hará caso sino que te dirá que te ocupes de tus cosas y la dejes en paz,  así que no te queda más remedio que intervenir si te sientes concernido como humano aun a sabiendas de que  te espera la amargura de la ingratitud. La envidia acecha tras los recodos del camino siempre dispuesta a  romper vidas y sueños. La  “insoportable levedad del ser”,  que convierte lo consistente en deleznable, lo firme en  inestable, que rompe lazos y empatías y crea disensión donde había concordia. Hoy apenas nos queda la herencia de aquellos que intentaron un mundo mejor, más justo y equilibrado, porque el hombre, en su incesante búsqueda de la felicidad, el dinero y el poder no se respeta ni a sí mismo, lo relativiza todo y lo cuestiona todo. Lo corrompe todo. Son muchas las voces que se levantan advirtiéndonos de que caminamos hacia la catástrofe, pero la formidable maquinaria puesta en marcha es imposible pararla, y sin embargo debemos hacerlo, pues si no paramos nos pararán. Debemos anticiparnos a los acontecimientos si queremos sobrevivir, pero el mundo está ciego, no atiende llamadas, ni señales, ni avisos. Hay demasiados intereses en juego. Sólo un milagro nos impedirá caer en la vergüenza de no haber hecho lo necesario para evitar el desastre, y sin amor no hay milagro