miércoles, 7 de agosto de 2019

CARTA A PEDRO SÁNCHEZ









Querido Presidente: 

   Lo de querido no se lo tome usted al pie de la letra, es simple fórmula de cortesía, aunque  me gustaría que  no fuera así.  

   Empezaré por decirle que no me fío de usted. No me inspira usted confianza, no emana de usted ese carisma que, por ejemplo, si tenía su compañero de partido Felipe González, al que yo voté porque vi en él al hombre que transformaría España.  Luego me decepcionó, pero esa es otra historia. Lo importante es que él tenía un sentido de estado del que usted, a juzgar por sus hechos, carece. Cuando debería ser al revés, pues seguro que usted ha disfrutado de mayores oportunidades educativas que él y conoce la Historia de España mejor que él. De hecho su tesis doctoral es todo un prodigio de originalidad.

    Le escribo porque la situación por la que ahora mismo atraviesa España no es para tomárselo a broma,  y si debo juzgarla teniendo en cuenta su trayectoria no encuentro ningún motivo para el optimismo. Pensaba yo, ingenuo de mí,  que llevaría usted  a cabo una política de acercamiento y entendimiento con los partidos a los que preocupa, real y concienzudamente,  todo lo que está pasando y lo que pasará,  no los sillones que puedan ocupar. Sin embargo ha hecho todo lo contrario, se ha acercado usted a aquellos a los que preocupa que España marche bien y harán todo lo que esté en su mano para que marche mal. Pues para ellos la consigna es “cuanto peor, mejor”.

    ¿Quiere que le recuerde alguno de esos problemas? Pues verá, son los siguientes: 1.- Políticos, el hecho de que usted aún esté en funciones es un problema que es fiel reflejo de una crisis institucional preocupante, pero a lo que se ve a usted le ha cogido con el paso cambiado, pues trata de encontrar su solución donde interesa que no se encuentre y si se encuentra no sea la que beneficia a España sino a ellos.  2.- Problemas territoriales,  ahí  tiene usted a los secesionistas catalanes afirmando sin pudor que pretenden acabar con España, y amenazan con paralizar Cataluña si  condenan a los que se alzaron contra el orden constitucional de nuestro país en un claro caso de rebelión; sin embargo el Estado pareciera que no se atreve a pararlos cuando hay serias razones para hacerlo. ¿No será que usted mira para otro lado   porque necesita sus votos? 3.- Problemas de convivencia, no solo en Cataluña auspiciados y aplaudidos por el señor Torra, a quien usted recibió en la Moncloa con un lazo amarillo en la solapa como si fuera su igual, también en las Vascongadas, donde los filoetarras homenajean a los asesinos excarcelados impunemente, escrachean a los políticos nacionales sin que pase nada y agreden a Guardias Civiles y a sus novias en los bares. Y en las Islas Baleares, siguiendo la estela de los estrategas del separatismo, se adoctrina en las escuelas y en los institutos y se está arrinconando a nuestro idioma sin que nadie haga nada. 4.- Problemas económicos, las pensiones, sin ir más lejos, no están garantizadas, la caja de la Seguridad Social está vacía, hay una crisis de productividad que viene de lejos, hay un exceso de burocracia por las competencias de las autonomía que rompen la unidad de mercado, el mercado de valores es un caos... 5.- Problemas sociales, hay tres millones de parados y una continua avalancha de inmigrantes africanos que constituyen una bomba de relojería para nuestro país. Pero es que además hay un problema de igualdad, las grandes empresas asfixian a las pequeñas, hay autónomos y falsos autónomos, hay  asalariados con buenos sueldos y otros que trabajan en precario… Todo esto crea un pesimismo emocional que afecta a la confianza en un futuro mejor ¿y sabe lo que eso significa? Claro que lo sabe. Y a lo mejor hasta le interesa que sea así, para que crezca el descontento. Y tenemos el problema de la deuda, señor Sánchez, que estamos endeudados hasta las cejas. Y un déficit galopante.   6.- Problemas educativos, no se está educando bien a nuestros niños y a nuestro jóvenes,  y nuestras universidades no aparecen en ningún ranking mundial de excelencia, y si alguna lo hace aparece en la cola. 7.-  Problemas medioambientales, la UE nos ha denunciado por la contaminación que hay en nuestras ciudades… ¿Quiere que siga? Mejor lo dejamos aquí, no quiero abrumarlo.

  Los problemas expuestos son lo suficiente graves como para acometer su solución urgentemente. Y usted lo sabe. Sin embargo no parece que le preocupen demasiado, al menos no lo demuestra usted ni se deduce de su labor institucional. Lo que a usted realmente le preocupa es conservar el poder,  su máxima preocupación. Su prioridad. Es esta actitud suya tan narcisista la que lo ha alejado de cualquier tipo de entendimiento con los partidos que están a su derecha, pues han visto en usted a un farsante, a un político de postureo que hoy dice una cosa y mañana hace la contraria.   Justificadamente además, pues no es serio que pacte usted con los enemigos de España para ser investido Presidente y al mismo tiempo le pida a la oposición que le echen una mano absteniéndose. ¿Considera usted que esto es serio? ¿La negociación que ha mantenido con el partido de Pablo Iglesias ha sido seria? No lo ha sido, señor Sánchez, toda España pendiente de esa negociación mientras usted y el jugaban al escondite. Si usted sabía desde el principio que no podía haber acuerdo. Si a esta gente los problemas que le he mencionado les importan un carajo, ellos lo que ambicionan es ocupar parcelas de poder para minar los cimientos de nuestra democracia y acabar con la idea de España, a la que detestan.  A ellos lo que realmente les preocupa es que España sea un país respetado, próspero y pujante, que ocupemos un lugar de privilegio en el mundo, que la Monarquía sea aceptada por la inmensa mayoría de los españoles, que seamos una democracia consolidada, que seamos una nación con una historia que muy pocos países pueden esgrimir, que hayamos sobrevivido a la Leyenda Negra y hayamos derrotado al comunismo, todo lo cual convierte a España en una nación de prestigio en el mundo. Esto a ellos les repatea, pues  la quieren débil y dividida.    ¡Mira que ofrecerle a Irene Montero una Vicepresidencia! Una mujer en cuyo currículo no aparece que haya trabajado nunca y que a los 15 años se afilió a las Juventudes Comunistas, de la que sabe usted que no lo va a obedecer, que seguirá las directrices de su insigne marido.  Lo mismo que ha hecho con los filoetarras para gobernar en Navarra y con los secesionistas para ser investido. ¿Comprende ahora por qué le digo que no es usted de fiar? ¿Cómo va usted a gobernar con gente así si es de lo más sectario que ha parido madre y los intereses de España son contrarios a los suyos?

   Solo espero que tenga usted el suficiente sentido común como para no volver a sentarse a negociar con ellos,  no solo porque sería malo, muy malo para España, sino porque cavaría usted su propia tumba política. Lo malo es que ya no va a poder negociar con la derecha. Así que está usted abocado a convocar nuevas elecciones, y esto, que siendo malo es lo menos malo para España, lo ha provocado su ambición de poder, o dicho de otro modo, el haber antepuesto su interés personal al general,  y ahora se encuentra en un callejón sin salida. No de otra forma se entiende que insista usted en que la derecha le facilite la investidura después de haber hecho lo que ha hecho.  Es usted una mala apuesta señor Presidente. La solución a los problemas de España no está a su izquierda, sino a su derecha. Sin embargo,  ha insistido usted en encontrarla en la izquierda. Ha equivocado usted la dirección, señor Sánchez.  No creo que sea usted el hombre de estado que España necesita para abrir esa puerta. Seguro que aún resuenan en sus oídos lo de “¡con Ciudadanos no!” la noche electoral. Eso es odio, señor Sánchez, y desde el odio no se puede gobernar un país. Fue el odio es que nos condujo a la tragedia de la Guerra Civil.

  ¿Sabe usted lo que yo haría si me hallara en la misma tesitura en la que se encuentra? Ser honrado, admitir que me he equivocado, que he cometido  errores de bulto impropios de quien aspira a regir los destinos de España. A tal fin  convocaría un pleno en las Cortes Generales para explicarlo todo y expondría la situación de manera clara, concreta y concisa. Pediría a la derecha iniciar negociaciones serias  para llegar a un pacto de Estado y abordar los problemas que nos aquejan.  Y si el pacto no es posible, convocar nuevas elecciones. Esto sería actuar con sentido de Estado, señor Sánchez.
   Esto o echarse a un lado y que el Rey nombre otro candidato, de su propio partido o de otro, que intente la investidura con más garantías que usted.  Atrévase a ser grande, señor Sánchez, porque hasta ahora  todo lo que ha hecho es propio de un enano.  ¿O es que padece usted de mal de altura?
   No le entretengo más, seguro que tiene usted asuntos personales que atender. Solo una última cosa: séale usted infiel a su palabra, a sus socios, a sus promesas, a lo que usted quiera si ello le aporta beneficio a usted y a su partido, pero nunca le sea infiel a España, no imite usted a su compañero de partido de infausto recuerdo, ese que  responde al nombre de Zapatero. Sería trágico que lo hiciera.

   Con mis mejores deseos en este día 7 de agosto de 2019, onomástica de San cayetano, patrón de mi pueblo y padre de la providencia. 
  
     

 

domingo, 23 de junio de 2019

ENCUENTRO CON EL PASADO




     




    

   ¿Cuánto tiempo había pasado? Mucho, más del que  estaba dispuesta a recordar.   

   El día amaneció con una niebla fría y espesa que acentuaba la nostalgia de mis recuerdos.  Me levanto con el valor embargado. Ella intuía mis dudas mejor que yo las suyas. No obstante, si algo iluminaba su alma y la mía era el sol de nuestra complicidad, un juego implícito, a la vez inquietante y sereno, que dejaba su huella bajo la piel trémula de nuestros cuerpos desnudos, que se entregaban, reprimidos y cautelosos,  a la llamada de nuestro deseo.

   Descorro las cortinas de la habitación que dejan entrar una luz vencida que acuchilla mis cavilaciones. Consigue distraerme, pero a la vez alimenta mi propósito de ir a verla. Sí, quizás hoy lo haga. Hace años que  no dejo de pensarlo. Me aliaré  con el luto del día para hacerlo.  

  Me dirijo a la cocina con ella en mi pensamiento. Enciendo el gas y pongo una cafetera a calentar. La rutina de todos los días que me permite maniobrar mientras le doy vueltas  a mi idea. En pijama y  bata, unas zapatillas negras y legañas aún en los ojos,  me preparo el desayuno. No dejo de imaginar el momento del encuentro. Y mientras lo hago se me eriza la piel, como entonces, cuando  lo prohibido era la identidad del tiempo.

   Entretanto, la mortecina luz que ilumina la estancia desafía  mis recuerdos. Pero mi empeño persiste, he de ir a verla. Sé de su orgullo y de ese empeño suyo en evadirse de la cruda realidad, que se empeña en desafiar la suya. Ella tenía que saberlo aunque prefiriera estar atada al vacío de su existencia. El paso del tiempo, su cama vacía, sus recuerdos fríos, sus noches eternas… Luego, el amanecer diario que la devolvía a su desdén de mujer herida, pero su almohada delataba en sus ribetes el rocío de su vigilia.  

   Aunque ella sabe que la verdad no es más que un juguete frágil en las manos de un niño.

   Antaño, en su plenitud juvenil, se había acostumbrado a vivir sujeta a sus miedos y contradicciones, que nunca imaginó permanentes, cuando se acercaba a la frontera del pecado. Luego, en mis brazos, mis besos fustigaban sus temores y se entregaba a mi lujuria con el frenesí de un dulce castigo. Pero hoy es la muralla que debo franquear. He de  arrodillarme ante ella y pedirle perdón y mirarme en el horizonte de sus ojos, antes ilusionados, hoy vacíos de estrellas. ¿Cómo será hoy su figura? ¿Tal vez una tapia de piedras coronada de yedra? ¿Un rencor acumulado de nieve eterna? Qué importa lo que el tiempo haya hecho de ella, ambas fuimos prisioneras de una soledad sin límites sin darnos cuenta, y del pesado legado de la ausencia.

   Definitivamente demuelo los últimos parapetos de mis miedos y voy hacia ella. Hacia esa mujer que, en mi juventud y la suya, me amó sin saber cómo hacerlo sin miedo, y que hoy, con el tiempo sin tiempo, busca atravesar los empañados cristales de las ventanas de su casa para que el tibio sol del amanecer riegue las  mañanas de su senectud.

    Sin embargo, algo atenazaba nuestro deseo de encontrarnos. Ni ella daba su paso ni yo el mío, presentíamos el miedo. El miedo a mentirnos. Y decidimos ¿vivir?, bajo la zozobra de la duda. Y el paso del tiempo, termita infatigable, fue carcomiendo nuestros cuerpos hasta arruinarlos.

   No sé a lo que me enfrentaré cuando me abra su puerta. No sé lo que diré cuando detrás de ella aparezca su figura encorvada. Tal vez lloremos y nos abracemos en silencio, sin decir nada.  Vivimos aferradas a un amargo pasado en lugar de salvarnos, porque fuimos pasión viva y amor contenido, y silencio, y cada una, en su terreno, construyó su propio castillo de desconfianza  y miedo. Y a eso lo llamamos destino.

   Ahora espero delante de su casa. El goce de entonces es hoy un frío intenso que refleja, en la escarcha de la mañana, el tormento de mi alma.

  En tanto que ella, sin saber quien llama, solo acudirá a la puerta intrigada, ignorando a quién encontrará cuando abra…
  



viernes, 17 de mayo de 2019

LAS ELECCIONES









   —¿Qué cómo se ganan unas elecciones? –se  preguntó como respuesta a la pregunta que le había formulado su amigo- Es muy compleja la respuesta, pero simplificando te diré que se ganan cuando el partido que se presenta consigue conectar con la ciudadanía en aquellos aspectos de la realidad que más le preocupan y afectan, cuando lo respalda una buena gestión, cuando sus dirigentes han demostrado honestidad y rigor en su actividad profesional y personal. Y sobre todo,  cuando a su cabeza de lista lo ampare una trayectoria brillante en lo profesional, personal  y familiar, sepa seducir al electorado,  posea un discurso convincente y sea claro y conciso en sus mensajes.
   —¿Y qué más? –preguntó impaciente el amigo.

   —Todo lo dicho quedaría en nada si luego, el director de campaña, no acierta con la estrategia a seguir, si no sabe diseñar un buen plan para contrarrestar las campañas en contra de los demás partidos y otras fuerzas con intereses espurios.  Todo tiene que estar previsto al milímetro: lemas, reproches y ataques a la oposición  y a sus candidatos, lugares a visitar, discursos a pronunciar, entrevistas a conceder, mítines a celebrar, dónde celebrarlos, cuándo y con qué contenidos… Y sobre todo la intervención en los debates. Estar al día de cómo evoluciona la intención de voto y la repercusión de las intervenciones públicas del candidato, lo que dice la prensa y los demás medios de comunicación y los demás partidos para ir corrigiendo posibles fallos errores de cálculo.

  —Demasiada literatura es esa –comentó abrumado el amigo- por ese camino no ganas tú unas elecciones en la vida. De hecho Donald Trump ganó las elecciones sin que nada de lo que tú has señalado estuviera a su favor. ¿Y qué me dices del Brexit? Pareciera que los británicos se volvieron locos votando a favor aun a sabiendas de su propio perjuicio.  ¿Quién previó que Zapatero le ganara a Aznar? Nadie, pero tuvieron lugar aquellos terribles atentados del 11M y la ciudadanía actuó irracionalmente votando a un candidato sin aptitudes para gobernar a España con garantías,  menospreciando así una trayectoria brillante del partido en el poder. ¿Y qué decir de los andaluces, que han votado durante más de cuarenta años a un partido corrupto que los ha estado esquilmando a manos llenas? ¿O de los catalanes, que le dan su confianza  a opciones políticas claramente corruptas cuyo ideario de independizarse de España es claramente perjudicial para ellos y aun así lo siguen votando? Te puedo dar más ejemplos.

   —Bueno –concedió el amigo- no he mencionado dos factores esenciales.
  —¿Y son? –acució el asesorado.
 —El dinero y la propaganda.
  —Ahí quería llegar yo.
  —Pero eso es engañar a la ciudadanía –objetó
—¿Engañar a la ciudadanía? –se burló el interesado- Á la ciudadanía le encanta que la engañen.  Es más, les dices la verdad y no la creen. Si lo que persigues es ocupar el poder no puedes decir la verdad, debes mentir. El caso más paradigmático fue Jesús Gil, que siendo todo él una mentira fue elegido alcalde de Marbella. ¡Y era un corrupto!
   —Es verdad, ganó porque sabía vender esperanza –concedió el amigo.
   —Eso es, vendía ficción y ganó, supo apelar a los sentimientos de la gente y conectaba con el humor social –abundó el otro.
   —También se gana cuando se vende miedo.
  —Eso es, el miedo puede llegar a ser un poderoso aliado para movilizar a los indecisos.


  

domingo, 10 de marzo de 2019

CAMBIAR LA REALIDAD







   Si algo distingue al hombre del animal es su obsesión por cambiar la realidad. Algunos han llevado su empeño tan lejos que en lugar de cambiar la realidad la han pervertido. En lugar de hacerlo desde el amor lo han hecho desde el odio. Han ignorado, o simplemente despreciado,  el hecho de que  al hombre no  se le cambia desde la imposición o el odio, sino desde el amor. Desde esta evidencia puede afirmarse  que la realidad no la cambian las revoluciones, la cambia el tiempo. Quienes no han tenido en cuenta esta regla tan sencilla y lo han intentado se han convertido en genocidas, aquellos que, guiados por una plausible idea de justicia, han cometido  las mayores injusticias sin pestañear por creer erróneamente que el fin justifica los medios. Es como si no nos aceptáramos como somos y soñáramos con convertir en realidad el sueño de ser de otra manera bajo unas determinadas condiciones socioeconómicas y culturales, e ignoramos que a lo máximo a que podemos aspirar es a crear un sistema de convivencia razonable bajo el imperio de la ley, y no hay más, pues todos los sistemas que han intentado superar esta sencilla fórmula bajo el argumento de que es inmoral han fracasado estrepitosamente. Han hecho de la inmoralidad su fundamento para mantenerse,  pues no hay mayor inmoralidad que bajo la invocación  del concepto de justicia se arrebate la libertad y la dignidad al hombre. Y también la vida.  

   En este aspecto somos deshonestos y falaces por creer que podemos cambiar la realidad sin cambiarnos a nosotros mismos, por creer que una idea puede más que un beso, por creer que nuestras ideas y nuestra moral son superiores a las demás y que, por eso,  imponerlas está justificado. Detrás de todas esas posturas lo que hay es egoísmo, soberbia, odio,  menosprecio y ambición de poder.  La postura inteligente y honesta que puede cambiar la realidad es  aceptarnos como somos, asumirlo con todas sus consecuencias y, desde la verdad de nuestra condición,  esforzarnos por superarla sin tomar atajos. No es honesto tirar  la piedra y esconder la mano, no es honesto adoptar estrategias para ocultar lo que somos, no es honesto recurrir a  posturas indignas  para conseguir sin esfuerzo lo que requiere esforzarse. Es lo que hace el estudiante que en lugar de estudiar y sacrificarse por superarse emplea sus energías en tratar  de aprobar el examen de forma fraudulenta, o el  político,  que te dice que está trabajando por ti y en realidad lo hace por sus propios intereses, o el idealista que cree que el hombre puede crear un paraíso en la tierra sin tener en cuenta su codicia y su tendencia a lavarse las manos ante cualquier situación comprometida para él.

   Somos tan vulgares que despreciamos a los demás por no despreciarnos a nosotros mismos, soslayamos  la verdad  porque te crea enemistades y te margina.  Es más rentable abrazar una mentira que te permita  medrar y sentirte arropado por quien cree en la misma mentira, pues al final, a base de repetirla se convertirá en verdad, y se unirán  todos  los que vean en ella una oportunidad para ocultar sus complejos y alimentar su perdido orgullo. Son gentes que nunca son conscientes del daño que hacen, es más, están seguros, respaldados por su mentira,  de que actúan correctamente y que el perjuicio que  pudieran causar es menor que el que tú les causas a ellos oponiéndote a su locura,  así que  encima debes de estarles  agradecido. Hasta pasan por ser justos y buenas personas cuando son más dañinos que el granizo, gentes que  jamás han hecho nada por mejorar el mundo, pues solo les importa el suyo. 

   Reprocharles su actitud ante la vida es perder el tiempo, están muy pagados de sí mismos y se revolverán contra ti. No les importa lo que les digas porque están convencidos de que sus ideas son superiores a la tuyas, que su causa está por encima del bien y del mal simplemente porque es suya. 

  Las únicas revoluciones que han cambiado el mundo a lo largo del tiempo han sido la del Neolítico y la liberal. Las demás han sido patéticos intentos de romper la barrera de la condición humana que, como es sabido, se basa en la cultura de la imposición. 
  





jueves, 21 de febrero de 2019

CAPERUCITA EN FACEBOOK










   Apuraba  Caperucita el paso  por el bosque para llegar pronto a casa de su abuelita. No quería que  le alcanzara la noche en la espesura. Pero la niña, que era de natural curiosa, se desvió de su camino habitual y se perdió en el bosque de las redes sociales.

    No se arredró, era una niña inocente, pero también valiente. Donde el camino lleve, pensó. Y andando el camino se topó con una gran puerta de acero en cuyo centro podía leerse: BIENVENIDA A FACEBOOK. Dudó, pero al final optó por pulsar el timbre.  Al instante se abrió una trampilla de donde emergió una pantalla que la invitaba a entrar si consentía en registrarse.  Lo hizo y se registró como Caperucita “La Roja”.  Y sin más se introdujo en el peligroso, pero  apasionante bosque de la realidad simulada.  

   Enseguida le pidieron amistad. El primero en pedírsela fue el lobo, claro.
  —Hola, Caperucita –saludó- ¿qué te trae por aquí?
 —No sé, curiosidad, yo iba a ver a mi abuelita  –se excusó.
 —¿A tu abuelita? –indagó la alimaña- ¿Y dónde vive tu abuelita?
—En una casita en el bosque –informó incauta.
—¿Quieres ser mi amiga? –propuso la fiera.
—Bueno –aceptó Caperucita sin más.
  Y así fue como Caperucita y el lobo se hicieron amigos. Y se conocieron y se enamoraron.  Caperucita alcanzaba a la sazón  los quince, pero aparentaba los veinte.
  Un día se citaron  en el bosque para ir a ver a su abuelita en una visita de cortesía.
  —Hola, abuelita, he venido a presentarte a mi novio –y le presentó al lobo.
  La abuelita lo miró  y se quedó horrorizada.
 —¡Pero si es el lobo, Caperucita!
 —Sí, abuelita ¡pero es tan guapo! Mira que ojazos, mira que boca, mira que dientes…
 —¿Y dónde lo has conocido? –quiso saber la abuelita.
—En facebook –aclaró.
—¡En facebook! –se alarmó la vieja- ¿es que no sabes que ahí todo el mundo dice ser lo que no es y simula no ser lo que es? No me extrañaría que tu lobo fuera un narcisista desahuciado con espolones.
—Un respeto, abuela –se quejó el lobo.
—Lo que me faltaba por ver, que mi nieta me metiera al enemigo en casa y se enamore de él. ¡Adónde vamos a llegar, Dios mío! –se quejó la mujer.
 —Son otros tiempos, abuela, el lobo ya no es lo que era –trató de justificarse Caperucita.
—¿Qué no es lo que era? ¡Qué inocente eres, criatura! El lobo siempre será el lobo, y a la más mínima se comerá  las ovejas –argumentó la abuela. Y sin  más preámbulo se fue a al dormitorio,  asomó con una escopeta de caza, apuntó al bicho y lo descerrajó de un tiro.
—¡Pero qué has hecho abuela! ¡Has matado a mi novio! ¿Lo que has hecho  es peor que la violencia de género? Te voy a denunciar por racista y lobófoba. ¡Eres una asesina! –se horrorizó Caperucita. Y sin más volvió a facebbok y contó en la red lo que había hecho su abuelita.

  El escándalo fue mayúsculo. Las redes se incendiaron contra la octogenaria abuelita que la tacharon de monstruo antediluviano. Las asociaciones animalitas y demás plataformas anti tortura animal, asociados y asimilados,  interpusieron demanda contra ella, las organizaciones feministas renegaron de la abuela carca y se pusieron de parte de Caperucita, hubo manifestaciones masivas de apoyo a la niña y la prensa ponderó  su valentía por denunciar a su abuelita. Por unanimidad  se solicitaba una pena ejemplar y  cárcel para la homicida. De los hechos se hicieron eco los medios de comunicación de medio mundo,  admirándose del valor de Caperucita por enamorarse de un lobo, y de la crueldad de su abuela, que no dudó en dispararle y matarlo en su presencia. Nadie salió en defensa de la infortunada mujer.

  Mientras tanto, ignorada por todos e incomprendida, marginada y vilipendiada,  la abuelita, sin entender nada, se consumía de soledad y amargura preguntándose hasta morir qué mal había hecho si ella solo quiso salvar a su amada nieta de las garras del malvado lobo.



domingo, 3 de febrero de 2019

LOS AMANTES DEL PARAÍSO







    La pintura empezó a interesarme cuando contemplé el cuadro de “las Meninas”.  Me pareció que yo mismo podía meterme en el cuadro y hablar con Velázquez. Hasta ese día ninguna otra obra pictórica había conseguido abrirme la boca de asombro.  

   Fue años después cuando volví a experimentar algo parecido. Fue con “El beso”, de Gustav Klimt. Al verlo se me representó como un conjunto multicolor con forma, ¡vaya por Dios!, de falo. Cada artista tiene sus propias obsesiones. Me extrañó el color dorado de la obra, nunca antes visto en un lienzo por mí. Algo debía de significar.  El motivo central lo formaban un hombre y una mujer fundidos en un abrazo, él dándole un beso a ella en la mejilla.  El rostro del hombre, de semi perfil, lo pasé por alto, pero el de ella me llamó poderosamente la atención. Toda mujer bella me la llama. Pero en este caso no era solo su belleza,  subyugante,  era su expresión de serena placidez y la extraña expresión de resignada complacencia, como si estuviera dormida más que extasiada. Y la posición de la cabeza,  inclinada hacia atrás y el rostro vuelto hacia la izquierda. Me pareció que soñaba,  que se entregaba al beso con el  pensamiento puesto en otro sitio.

   Luego reparé  en que ella está de rodillas, detallé que me conmovió, entregada al goce del momento, o eso me pareció en una primera impresión, porque algunos detalles me hicieron dudar de que realmente lo estuviera.  Su brazo derecho rodea el cuello de él,  pero  sin convicción. Lo delata su mano, cuyos dedos están encogidos, mientras que su brazo izquierdo se dobla para posar su mano sobre la mano derecha de él. El contraste de las manos de ella, bellas, blancas y delicadas, con las de él, grandes, morenas y huesudas, ejemplificaron para mí  el contraste entre la rudeza y la delicadeza. Eso fue lo que pensé.  La mano izquierda de él rodea el cuello de ella sujetándola y atrayéndola hacia sí; la derecha se posa sobre su hombro izquierdo. 

   Luego me fijé en sus vestimentas. Él va cubierto de una túnica dorada con dibujos geométricos rectangulares, mientras que  la de ella la adornan círculos concéntricos, y su vestido, ceñido a su cuerpo, estaba salpicado de  grupos diseminados de pequeños discos de colores. Alusión, sin duda, a la masculinidad de él y a la feminidad de ella.

    Otra cosa que me extrañó  fue el lugar  elegido por el artista  como escenario del encuentro: el extremo de un jardín salpicado de florecillas multicolores, como si de una alfombra se tratara,  que se asoma a un abismo a cuyo borde cuelgan los pies de ella. La impresión que me dio es que corrían el riesgo de  precipitarse en él  en cualquier momento,  víctimas de su desenfreno.

  Todo en el lienzo destilaba  un halo de misterio, empezando por el propio beso, que no es en la boca como cabía esperar. ¿Por qué en la mejilla? –me pregunté.  Los colores dorados me remitieron a una simbología religiosa. Su disposición,  la entrega de ambos a la magia del momento, el lugar, el colorido, todo me invitaba a pensar    que estaba ante una escena  en la que el amor y la religión se fundían, como si fueran la misma cosa;  o que para el autor amor y religión son lo mismo.

   Fue lo que hizo que mi imaginación volara  y me representara a Adán y Eva en el Paraíso, y  que el abismo que se abría a sus pies es donde ellos acabarían cayendo por desobedecer a Dios. Y lo sabían. Aun así ambos se entregaban a ese instante de goce supremo que solo el amor puede sublimar. Reflexión  que me llevó a considerar que Eva no desobedeció a Dios por curiosidad o afán de poder, sino por amor a Adán, pues solo con él sería posible afrontar la vida fuera del Paraíso,  solo la fuerza del amor podría salvarlos  y conseguir que volvieran a él.

     Volví al rostro de ella, un imán para mí, a su expresión de excelsa serenidad no exenta de inquietud, y vi en  él la propia de quien se entrega a un sentimiento detrás de cual está la vida, pero también  la muerte.
  


martes, 15 de enero de 2019

AMIGOS





Allí estaban todos, como cada año, distendidos, alegres, confiados y dicharacheros.

Ángel, ingeniero agrícola, militante de Podemos, radicalizado desde que la policía  diera una paliza a su hijo en una manifestación. Baldo, abogado matrimonialista, estalinista convencido desde que un sargento chusquero lo metió un mes en el calabozo por irse de putas con unos compañeros dejando abandonando el servicio de su unidad. Pedro, el más reservado de todos, solo hablaba si se le preguntaba algo,  notario, pequeño y sibilino, cargado de espaldas, con su sempiterno traje oscuro, chaleco y corbata, maoista fanático desde que se enamoró de una compañera de universidad, admiradora de Mao. Poca salud y parco en palabras. Julio, un marxista recalcitrante que sostenía que nadie que no sea marxista puede ser buena persona, pero solo lo decía cuando tenía dos copas de más. Se hizo marxista porque su padre lo obligaba a confesarse y comulgar todos los domingos, hasta que cansado de decirle al cura los mismos pecados y hacer la misma penitencia lo mandó a la mierda en el mismo confesionario. Le costó una somanta y un mes sin salir a la calle. Se sacó la licenciatura en Derecho después de diez años estudiando, o haciendo como que estudiaba. Juan “el Colorao”, empresario. Lo apodamos así porque tenía la cara del color de los boniatos. Cuando se produjeron los atentados del 11-M realizaba el servicio militar como alférez de complemento en el Cuartel General del Ejército, se presentó ante su capitán y le pidió permiso para que le diera el mando de un pelotón, personarse en el barrio de Lavapiés y detener a todos los marroquíes que encontraran, juzgarlos por lo militar y fusilarlos al amanecer. Era un admirador de Aznar, del que decía que había sido el mejor Presidente del Gobierno de España de todos los tiempos. Dani, profesor de secundaria, de Candeleda, población de la que su padre había sido alcalde durante la dictadura de Franco. Fue anarquista en su juventud, admirador de Bakunin, íntimo amigo de Julio y compañero de correrías. Un día se colaron en una boda gitana en un pueblo de Toledo, al padre del novio les cayó en gracia y los invitó a que se sentaran con ellos, pero Julio, que cuando tenía una copa de más no conocía ni al Papa, se empeñó en bailar con la novia, se dirigió a ella para pedirle que bailara con él y le cantó esta especie de epitalamio: “Tienen los gitanos / en el pelo caracoles / y le hacen a las gitanas / gitanillos que son primores”. Tuvieron que salir de allí por piernas y atravesar el río Tajo nadando para que nos los pillaran. Abjuró de su fe anarquista cuando la ETA mató a un familiar suyo: y se hizo falangista. También acudió Torres, interventor delegado del Ministerio de Agricultura, votante del PP, a quien Ángel no dejaba de mandarle propaganda de Podemos para que se afiliara, y él, en venganza, le correspondía enviándole fotos de mujeres desnudas. Sin embargo no había ido José Luís, Secretario Judicial, también marxista-leninista, que cuando hablaba no había forma de entenderlo, pues tenía una voz que sonaba a hueco. Sigue esperando que Cuba cambie de régimen para personarse en la isla a reclamar los bienes inmuebles de sus antepasados, todos requisados por Fidel cuando la revolución. 


Y en fin, estaba yo, Inspector de Policía, sin una ideología definida, amigo íntimo de Julio y Dani, con los que tenía que lidiar a fin de que no chocaran, como el día en que Dani le recordó la odisea con los gitanos de la boda, reprochándole que por su culpa estuvieron a punto de ser linchados, perdió su abrigo, y si no hubiera sido por él se hubiera ahogado en el Tajo. Estuvo sin hablarle dos meses.


Allí estábamos todos, riendo, celebrando que seguíamos vivos, recordando viejos tiempos, contando anécdotas de juventud, interesándonos unos por otros, sin mencionar la política, priorizando lo que nos unía -una amistad cimentada en nuestra juventud-, sobre lo que nos separaba: la advenediza ideología.