martes, 17 de septiembre de 2013

ES LO QUE HAY





    Ahora es una palabra que pertenece al pasado en cuanto la pronuncias, como todo, o casi todo, porque puede que haya algo que permanece que desconozcamos.  Pero en comparación con el dolor el ahora es tan efímero como un suspiro. 

   Lo peor del dolor no es el dolor mismo, sino la ansiedad que te transmite, que lo multiplica y aviva. 

   Uno no ha venido a este muno a sufrir, sin embargo no podemos escapar al sufrimiento. El propio de vivir y el de no vivir, no hay escapatoria a no ser que elijas la muerte. 

   El mayor sufrimiento es descubrir que, quien tú creías que te quería, nunca lo ha hecho a pesar de que no ha dejado de repetírtelo.  

  Perder a un ser querido causa dolor, pena, sufrimiento, congoja, pero pareciera que la naturaleza se defiende de estas pérdidas por el camino de la resignación.  La traición es otra cosa. Comprobar en un instante que siempre has estado solo, que todo ha sido un espejismo, que no solo nunca has sido querido como tú pensabas, antes bien, has sido menospreciado cuando no odiado, te causa tal amargura que desarma en ti tus defensas contra el mal y le da cabida. 

  Pero luego, desde la lucidez de tus principios, no puedes menos que pensar: "es lo que hay". Y seguir esperando otro ahora.

lunes, 9 de septiembre de 2013

LA MALDICIÓN DE LA ESFINGE







Vivimos una época de “valores inestables”, y es así porque no sabemos dónde está la verdad. Mas esto, siendo grave, no es  sin embargo lo más grave, lo más grave es que no sabemos dónde está el error, que sería el camino para llegar a la verdad. 

   Tomemos como ejemplo la magia, que ha sido desde antiguo utilizada por muchos pueblos bárbaros como algo eficaz, caló tanto que de esas ceremonias mágicas derivaron después las distintas religiones. Cuando un sacerdote hacía un conjuro para invocar al dios de la lluvia, cuando finalmente llovía, el hombre primitivo consideraba que llovía como resultado del conjuro de la ceremonia, lo cual era una prueba de que la magia era eficaz; luego se creía en ella. Hasta que no se cayó en la cuenta de que, de todos modos, antes o después llovía,  independientemente de si había ceremonia o no, la magia perduró siglos y siglos. 

   Hoy día tenemos un mayor conocimiento de las cosas. La verdad hoy es aquella hipótesis que mejor funciona, que mañana puede ser sustituida por otra que funcione mejor. Y lo sabemos. Hoy podemos convencer a un hombre de que abandone una práctica errónea si le damos a conocer el error en que se funda dicha práctica. Pero no ocurre igual con las prácticas religiosas de un pueblo, pues en ellas  no hay error alguno. Por tanto, es el conocimiento el camino para llegar a la verdad una vez conocido el error, de ahí que quienes están en él y vivan de él hagan todo lo posible por ocultarlo. Bastaría darnos cuenta de que es un milagro que estemos vivos para que todo lo demás sea secundario. Pero el hombre, ya que está vivo, quiere otras cosas. Y cada cual quiere la suya. Y así estamos. 

   ¿Qué error hemos cometido para que una generación de la que tanto se esperaba haya llevado a España a la situación actual en que se encuentra, débil y desorientada, llena de dudas sobre su futuro, pobre y dividida? ¿Qué ha pasado para que los valores que esa generación ha mamado hayan sucumbido a la corrupción de la fama y el dinero? Algo hemos hecho mal para que, de pronto, nadie confíe en nadie, para que ni siquiera la más altas instancias del Estado se libren de la maldición de la Esfinge y anden aún por los vericuetos de su propia inconsistencia  en lugar de trabajar juntos para devolverla al lugar de donde nunca debió salir. 

   Pero si no asumimos el error que hemos cometido al despertarla ¿cómo vamos a enterrarla? Seguro estoy de que cada cual tiene su propia teoría al respecto. Tenemos esfinge para rato.
  

sábado, 7 de septiembre de 2013

EL VACÍO DE LA RUTINA




 He regresado de las vacaciones veraniegas, unas vacaciones en las que ha habido de todo, bueno y malo, pero en general han sido positivas. Durante ellas he conseguido lo que me propongo cada año: ver o ir a algún  sitio nuevo en que nunca haya estado antes. A mí me funciona, pues si cada año vas al mismo sitio puede que consigas pasarlo bien, pero sientes que falta algo, es el vacío de la rutina. Y convertir las vacaciones en rutina es una forma de arruinarlas.

  En realidad la rutina es para la vida, esa vida que nos depara estabilidad y equilibrio, pero no para las vacaciones, que son precisamente  para evadirnos de ella.  Así que combinar mar y montaña, ocio y cultura, diversión y ratos con los amigos, encaramarte en una higuera y hartarte de higos, zambullirte en el mar a las nueve de la mañana, coger la bicicleta y hacerte cincuenta kilómetros al caer la tarde, sentarte en una terraza con los amigos para degustar unas buenas tapas y un rato de conversación, admirar el paisaje, el humano y el físico, buscar setas y cocinarlas tú mismo, recolecrar cherrys en un invernadero y hacerte una pipirrana con ellos, caminar diez kilómetros al salir el sol, sentarte en la puerta de tu casa al atardecer... Todo esto, y mucho más, es combatir el vacío de la rutina.

   Y no es nada del otro mundo.

   En fin, ya estoy de nuevo por aquí. Sirva esta pequeña entrada para saludaros y desearos que vosotr@s, también, hayáis podido llenar el vacío de la rutina.

   Saludos.

miércoles, 10 de julio de 2013

LA GLOBALIZACIÓN DE LA INDIFERENCIA





  Hace unos días el Papa Francisco (cada día me gusta más este Papa), se desplazó, aceptando la invitación de su alcaldesa,  a Lampedusa, pequeña isla italiana frente a las costas de Túnez y Libia, donde la tragedia de la inmigración ha alcanzado unos niveles de deshumanización insoportables. Se calcula que han muerto, en su intento por llegar a esta pequeña isla italiana desde las costas africanas, más de 8000 inmigrantes, sin que ello haya conmovido a nadie ni nadie haga nada por evitarlo. 

  En su breve, pero contundente homilía, el Papa Francisco ha dicho: "La ilusión por lo insignificante, por lo provisional, nos lleva hacia la indiferencia hacia los otros, nos lleva a la globalización de la indiferencia". 

  No deja de ser un sarcasmo que aquellos que nos presentaron la globalización como un instrumento para el progreso del mundo se desentiendan de su mentira, se laven ahora las manos, cuando son los responsables de  “la globalización de la indiferencia” que ha denunciado el Papa.  Las recetas del hombre en el plano de la economía y de la política solo benefician a quienes las ponen en práctica. 

   "¿Quién de nosotros –se preguntaba el Papa en su homilía-  ha llorado por la muerte de estos hermanos y hermanas, de todos aquellos que viajaban sobre las barcas, por las jóvenes madres que llevaban a sus hijos, por estos hombres que buscaban cualquier cosa para mantener a sus familias? Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia del llanto". 

  “¡La experiencia del llanto!” ¡Hemos olvidado tantas cosas en esta sociedad entregada al egoísmo y a la corrupción!  Consciente de ello,  de que poco cabe esperar de quienes gobiernan este mundo y llevan a cabo políticas profundamente injustas, que se ha dirigido a Dios, pues ¿qué cabe esperar de ellos?: "Te pedimos –le ha implorado- por tanta indiferencia hacia los demás, por quien se ha acomodado, por quien se ha encerrado en el propio bienestar. Te pedimos ayuda para llorar por nuestra indiferencia, por la crueldad que hay en el mundo, en nosotros y en todos aquellos que desde el anonimato toman decisiones socio-económicas que abren la vía a dramas como estos".

  ¿Qué haría falta para que esta sociedad se movilice contra esta injusticia que de forma tal cruel y a diario se reproduce ante nuestros ojos sin que nos inmutemos, sin que ni siquiera derramemos una lágrima?  Ante esta realidad, la alcaldesa de Lampedusa, Giusi Nicolini, envió el pasado mes de febrero una carta la Unión Europea  en la que se preguntaba: "¿Cuán grande tiene que ser el cementerio de mi isla?" Claro, a ella le preocupa el hecho de que su isla ya no tiene espacio para enterrar a tanto muerto, pero lo mismo que preguntó eso podría haber preguntado que si es que la UE quiere convertir a Lampedusa en un cementerio de inmigrantes para que, al igual que el Papa, los europeos podamos ir allí a llorar ante sus tumbas  y preguntarnos si podíamos haber hecho algo más para evitar tanta muerte.

jueves, 4 de julio de 2013

PRINCIPIOS POR INTERESES





   Hasta yo mismo me asusto de mis propias conclusiones cuando, acuciado por mi propia inquietud, sitúo el objeto de mis desvelos más allá de lo observable, que en contra de lo que pudiera pensarse no es aquello que está fuera de nuestro campo de visión o más allá, sino aquello que nos ocultan  quienes  teniendo  la obligación de hacer las cosas bien, no las saben hacer. No es que se equivoquen –pues una equivocación siempre puede subsanarse-   es que carecen de ideas propias. En consecuencia mienten aun siendo conscientes de que la confianza no se gana con engaños, no se gana mintiendo, sino esforzándose por acercarse a la verdad y acertando.

   Podría haberme detenido aquí, pero no soy hombre que se pare en lo meramente anecdótico, en lo fácilmente observable, porque la zozobra persiste y no da tregua, sigo ahondando en lo inasequible y descubro con asombro que, lo que realmente pretenden ocultarnos no es su desatino, al fin y al cabo todos podemos equivocarnos, cualquiera puede confundir una negra con una corchea, lo que se esconde tras su honestidad aparente, lo que a toda costa niegan es que no sólo la han pifiado sino que, cegados por los intereses, no reparan en los principios. Los partidos son entes que  están siempre situados en el horizonte de los sucesos inabordables, aunque en honor a la verdad, no hace falta especificar cuál, un recto sentido de la equidad me dice que no se pueden medir todos con el mismo rasero, pero todos coinciden en un punto: poco o casi nada que sea honesto puede esperarse de ellos. Lógico si hemos convenido en que no son los principios, sino los intereses, los suyos propios, los que los mueven. Dicho de otra forma: van a los suyo.

   Claro que, por otra parte, y esto es lo que más desazón me produce, qué otra cosa sino los intereses mueven al mundo. Pero pensaba yo, ¡ingenuo de mí!, que quienes nos gobiernan se regían por principios. Si no hubiera sido tan ingenuo me hubiera adelantado a la corrupción, imagino que como la mayoría. Y ahora nos lamentamos. Teníamos ante nuestros ojos la verdad de lo que estaba ocurriendo y no nos enterábamos. Yo no soy nadie, pero esos que protestan y salen a la calle cuando la verdad es evidente, ¿dónde estaban cuando nos la ocultaban? 

   Ayer leí una entrevista de John Ralston Saul (http://elpais.com/elpais/2013/02/04/eps/1359975187_178411.html) un escritor y ensayista canadiense con las ideas muy claras respecto a la crisis que nos agobia. Dice cosas que están en la mente de todos, pero que él dice con fundamento. Lo primero que dice es que “Llevamos 30 años de una abrumadora mediocridad intelectual”. Esta es la verdadera crisis, que hay mucho economista pero no hay intelectuales de la economía, no hay gente con autoridad.  Dice que “No hay razón para salvar a los bancos, no necesitamos tanto dinero. Lo razonable habría sido aprovechar la oportunidad para limpiar el desorden. No hay más que tomar el ejemplo español de Bankia. Una buena política habría sido, por ejemplo, que el Gobierno anunciase que pagaría todas las hipotecas hasta una cantidad determinada, pongamos 300.000 euros. Das el dinero a la gente que está en su casa y que tiene una hipoteca, y de hecho salvas a los bancos: es el ciudadano el que da el dinero a los bancos al cancelar su hipoteca. De pronto, la gente ya no tiene deudas y puede gastar lo que gana. Así es como se crea una clase propietaria y además se relanza la economía. Es tan simple”.

  Pues eso, nuestros intelectuales nos hablan de vericuetos financieros para relanzar la economía que no entiende nadie porque ya sabemos que con austeridad y recortes no se sale de la crisis,  cuando la solución es tan simple. A alguien le interesa que esta crisis perdure.  ¿O cabe otra conclusión más optimista? En fin, no dejemos de pensar lo mejor aunque esperemos lo peor.  















miércoles, 3 de julio de 2013

¿SERÁ VERDAD?






¿Será verdad que mentimos para crear verdades? Yo diría que es esta una de esas verdades absolutas que, por serlo, se convierte en una mentira relativa.  En la literatura, por ejemplo, se miente para poner de relieve verdades que de otro modo no podrían conocerse.  Además, nos hacen soñar. Si no fuera por los cuentos, cuando los cuentos se contaban a los niños alrededor de la chimenea o antes acostarse, la fantasía sería un fantasma que sale por las noches buscando a quien sepa interpretarla para hacerla realidad preñándola de sueños.  Si no fuera por los sueños no soñaríamos con un mundo mejor a pesar de que la realidad nos dice que vamos a peor, si no fuera porque la mentira es el condimento de la verdad las ideologías y las religiones que nos prometen paraísos habrían muerto antes de nacer.  Si no fuera porque mentir se ha convertido en un arte a fuerza de ser necesaria no tendríamos dudas sobre la intención de un poderoso cuando nos dice que “vamos bien”, pero calla para quién.  Si no fuera porque necesitamos que nos quieran nunca diríamos “miénteme, dime que me quieres” y convencernos de que así.  Vale la pena insistir en esta idea del amor, pues ¿quién no miente para ganarse el amor de una mujer aun a sabiendas que la mentira te la quitará?  Sí, va a ser verdad que mentimos para crear verdades a medida.