domingo, 5 de mayo de 2013

CARIÑO O DINERO




  

 Nadamos contra natura. La naturaleza nos hizo dependientes de las caricias, de los mimos y arrumacos de nuestras madres. Ahora negamos eso a nuestros hijos y para contrarrestar  hacemos leyes de paridad e igualdad. 

 No nos conmovemos ante la barbaridad de   que las madres, en lugar de darles a sus hijos caricias, amor y cariño, les den dinero y tele y móvil. Estamos creando una generación de seres dependientes del consumo cuyos valores humanistas dependen de ir a la moda, y no nos alarmamos, no salimos a la calle a protestar por eso. 

  Si a un niño de cuatro meses necesitado de cariño y amor se le deposita en una guardería despojándole del olor y el calor y de la seguridad de su madre, no nos extrañemos que estemos creando un nuevo ser humano robotizado. Enseñemos a nuestros hijos a ser perfectos, a controlar sus emociones, a limitar sus sentimientos,  luchemos contra la naturaleza, ella que ya se dio cuenta de que no era bueno  que hubiera seres unicelulares, pues igual que había noche y día, frío y calor, seco y húmedo..., tenía que haber hombre y mujer. Pero no..., el ser humano, en sus ansias de lucha contra la madre naturaleza, se empeña en igualar al hombre con la mujer, convertir a la mujer en hombre. 

   En lugar de disfrutar de lo que la naturaleza ha puesto a nuestra disposición, nos empeñamos en cambiar todo lo que nos ha dado, todo en nombre del progreso. Nos quieren arrebatar la sensibilidad y nos hablan de una sociedad más justa.¿Una sociedad más justa sin sentimientos?

sábado, 4 de mayo de 2013

EL LIBRO DEL DESASOSIEGO (fragmento)



    

   Me ha llamado la atención un fragmento del libro "El libro del desasosiego", de Fernando Pessoa, y no he resistido la tentación de incorporarlo a mi blog y comentar algunas de sus afirmaciones más polémicas. El texto es el siguiente:




 " El mundo es de quien no siente. La condición esencial para ser un hombre práctico es la ausencia de sensibilidad. La cualidad principal en la práctica de la vida es aquella cualidad que conduce a la acción, esto es, la voluntad. Ahora bien, hay dos cosas que estorban a la acción –la sensibilidad y el pensamiento analítico, que no es, a fin de cuentas, otra cosa que el pensamiento con sensibilidad. Toda acción es, por naturaleza, la proyección de la personalidad sobre el mundo exterior, y como el mundo exterior está en buena y en su principal parte compuesto por seres humanos, se deduce que esa proyección de la personalidad consiste esencialmente en atravesarnos en el camino ajeno, en estorbar, herir o destrozar a los demás, según nuestra manera de actuar. Para actuar es necesario, por tanto, que no nos figuremos con facilidad las personalidades ajenas, sus penas y alegrías. Quien simpatiza, se detiene. El hombre de acción considera el mundo exterior como compuesto exclusivamente de materia inerte –inerte en sí misma, como una piedra sobre la que se pasa o a la que se aparta del camino; o inerte como un ser humano que, por no poder oponerle resistencia, tanto da que sea hombre o piedra, pues, como a la piedra, o se le apartó o se le pasó por encima. El máximo ejemplo de hombre práctico, por reunir la extrema concentración de la acción junto con su importancia extrema, es la del estratega. Toda la vida es guerra, y la batalla es, pues, la síntesis de la vida. Ahora bien, el estratega es un hombre que juega con vidas como el jugador de ajedrez juega con las piezas del juego. ¿Qué sería del estratega si pensara que cada lance de su juego lleva la noche a mil hogares y el dolor a tres mil corazones? ¿Qué sería del mundo si fuéramos humanos? Si el hombre sintiera de verdad, no habría civilización. El arte sirve de fuga hacia la sensibilidad que la acción tuvo que olvidar. "

   Y este es mi comentario:

   Es duro el texto de Pessoa, muy duro, y lo es porque se ajusta a la realidad. Él no dice nada que no sepamos, sabemos por propia experiencia que el hombre que pretenda dominar a otro u otros hombres, no puede tener sentimientos, de lo contrario su sensibilidad se lo impediría. Por tanto la afirmación de que “el mundo es de quien no siente” es rigurosamente cierta.

  La segunda afirmación es más subjetiva, pero encierra igualmente una verdad incontestable:  “La condición esencial para ser un hombre práctico es la ausencia de sensibilidad”. Y lo es porque sensibilidad y pragmatismo son incompatibles, un hombre práctico, un hombre de acción, de los que no se detienen ante nada, no puede ser sensible al sufrimiento de los demás porque de lo contrario dejaría de ser práctico en ese mismo instante. Y si no carece de sensibilidad por completo, es tan leve que no impide que lleve a cabo su plan estratégico de dominio. La afirmación de LGrajalva (una amiga) poniendo en duda la incompatibilidad entre sensibilidad y pragmatismo la honra, pues demuestra su fe en el ser humano, pero amiga mía, estamos hablando de “dominar” y quien pretende dominar no trabaja “hombro con hombro” con otros hombres, los manipula. Lo mismo cabe decir sobre el comentario de Laura (otra amiga), que viene a darle la razón a Pessoa, lo cual no es incompatible con afirmar que la humanidad, en su inmensa mayoría, está compuesta de seres que piensan y analizan y sienten, pero son precisamente esos los que no dominan el mundo. Los que dominan el mundo “ni sienten ni padecen”, dicho sea en  afirmación coloquial que viene al pelo.

  Y llevan razón también Santiago* cuando afirma que los que no sienten están condenados a sentir cuando sean a su vez dominados por alguien como ellos. Lo malo es que ellos lo saben y procurarán eliminarlos antes de que el dominador se convierta en dominado. Este es el juego de la vida, el de siempre, el pez gordo se come al chico y el chico al más chico todavía.

  Nuestra ventaja es que lo sabemos, antes no lo sabíamos, antes creíamos que quienes nos gobiernan y dirigen eran personas buenas, generosas, sensibles, honestas, que persiguen el bien general. Estábamos equivocados, el poder tiene su propia dinámica al margen de los sentimientos de quien lo ostenta, y actúa de acuerdo con los intereses que demanda ese poder. Por tanto hablar de honestidad, honradez, generosidad, etc, en el ámbito del poder es una entelequia: intereses, solo intereses. Por eso me temo que ninguno de los que transitamos por aquí nunca tendremos poder. Somos unos pobrecitos que pensamos y sentimos, una desgracia como otra cualquiera.

  Sin embargo, la afirmación más terrible y realista de Pessoa es cuando se pregunta: ¿Qué sería del mundo si fuéramos humanos? Si el hombre sintiera de verdad, no habría civilización. El arte sirve de fuga hacia la sensibilidad que la acción tuvo que olvidar. "

   O sea que la civilización actual se la debemos al hombre práctico, al hombre de acción, al que no siente, pero piensa, al hombre que no se detiene ante nada, al que se rodea de otros hombres que, igual que él, persiguen lo mismo. Juntos forman una fuerza colosal que, ajena a los sentimientos, construye civilizaciones.
   Es decir que nuestra civilización y todas las civilizaciones que en el mundo son y han sido, están cimentadas sobre millones de cadáveres, injusticias escalofriantes, penalidades de todo tipo  y sufrimientos sin fin.  
   Cuesta trabajo creer que quien ha hecho posible la civilización no ha sido el hombre práctico, ha sido quien, desde la sensibilidad social y el análisis de la realidad, le ha dado ideas al hombre práctico. Nadie, pues, es inocente.



*LGrajalba, Laura y Santiago son compañeros de Netwriters que opinaron sobre este apasionante tema en esta plataforma de escritores de la que formo parte.  Su URL es: http://www.netwriters.eu/

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER (y IV)





   -“¿Quieres decir que Dios hace “tonterías”?” –Puede preguntar alguien-  No, Dios lo que hizo fue crear al hombre. “Pero el hombre hace tonterías”. Claro, porque Dios comprendió que es preferible que el hombre haga tonterías a imponerle una conducta. “¿Como por ejemplo comerciar con la propia idea de Dios?” –podéis preguntar. Por ejemplo, ¿o acaso Dios iba a salvarse de las consecuencias de su propia creación?  Él creó la vida, lo más serio del Universo, pero vivir, esa tontería, ese milagro, depende de nosotros. Vive y deja vivir, vino a decirnos Dios, pero el mal se encarga de ponernos las cosas difíciles porque va con nosotros. Vivir puede engrandecer la vida o falsearla, vivir de verdad, entregarse a la ilusión de que cualquier sueño es posible si tenemos fe en conseguirlo es enaltecer la vida. Hay un pasaje bíblico (Marcos 5,21-43) conmovedor que narra como desde la fe, admitiendo la propia humildad, uno puede salvarse del mal. Se trata de una mujer enferma que está segura de que si logra tocar el manto de Jesús sanará. Así ocurre, logra tocarlo y sana, pero Jesús –y esto es lo extraordinario- rodeado de una multitud le pregunta a sus apóstoles “¿quién me ha tocado?” Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: "¿Quién me ha tocado?" Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad». Es decir, que la fe no sólo cura del mal ¡sino que conmueve al mismo Dios! De esta entrega para vencer el mal surge el milagro. Cuando uno se olvida de sus limitaciones y sus faltas, una “tontería”, y tiene fe en conseguir su sueño, se produce el milagro. Es decir, de la tontería de olvidarse de uno mismo surge el milagro, el mismo hecho de olvidarse de uno mismo es ya un milagro. “Pero si olvidarse de uno mismo es una “tontería” que lleva al milagro ¿a qué lleva  pensar en uno mismo?  –podéis seguir preguntanado-. Al egoísmo y a la mentira, a creernos superiores a otros hombres, a sostener que  nuestra moral es superior a la de los otros y mentir para imponerla, creer que somos  portadores de la verdad eterna y matar a quien no crea  en ella, ampararse en una supuesta identidad propia y hacer de ello un arma de separación que ampara el odio, caer en las garras de la mentira y creer que somos veraces en definitiva. Estas cosas y otras similares son las que entretienen al hombre que busca la felicidad engañándose a sí mismo y engañando a los demás, hasta que todo se derrumbe por efecto del propio peso de la equivocación. Por eso necesitamos gente que sueñe con cosas que nunca existieron, las que tenemos hoy día no nos valen para vivir. 

   ¿Qué es una catedral?  Un monumento del hombre que creía que sin Dios no era nada, pero su propia obra lo desmiente: un milagro, pues, ¿de dónde surgen las catedrales?  “¿Quieres significar con ello que Dios hace milagros cuando se olvida de que es Dios?” –Seguro que os preguntáis-.  ¿Acaso su Hijo no los hizo? Si el hombre hace milagros cuando admite su humildad imagínate Dios. “Pero eso no puede ser, el hombre  puede olvidarse de sí mismo porque es muy poca cosa, mas ¿cómo se va  olvidar Dios de quién es?” Precisamente por eso es tan difícil que el hombre se olvide de quien es, porque es muy poca cosa y tiene miedo. En cambio Dios sí porque es grande y sueña.  Repara en la diferencia: cuando Dios se hace hombre, le trae al hombre esperanza en medio del sufrimiento; cuando el hombre se cree Dios, trae la barbarie y más sufrimiento. Cuando el hombre se toma en serio la idea de Dios piensa que es portavoz de su voluntad y mata al infiel. Sólo con creerse superior a otros hombres, el sumun de la necedad, siembra la semilla de la división, la destrucción y del odio  allá donde pisa, pero cuando se ve tal y como es comprende que su curación no depende de su orgullo sino de su fe, no ve en el otro al enemigo sino al aliado. Por lo tanto es lógico y normal que esperemos que surja algún milagro del milagro de vivir.  

   Pero los pueblos olvidados lo tienen  difícil, en ellos los sueños se convierten con facilidad en pesadillas porque todos recelan de todos y todos piensan en sí mismos, y si alguien tiene un sueño se lo roban.  Los pueblos olvidados  esperan un milagro sobrenatural y confían más en una sotana que en un agricultor,  aquel les habla de salvación por medio  de la abstención, éste les insta al esfuerzo por medio de la acción, aquel les promete un Paraíso en el que ni siquiera él cree, este sólo  les promete el fruto de su propio esfuerzo, aquel apela a su fe en Dios, este a su fe en sí mismos y en la razón. Dios no es más que una idea, una idea más del hombre que utiliza como más le conviene, pero es una idea muy potente que  puede hacer milagros o barbaridades.  


   Prever es un milagro, sobre todo cuando, como en el caso del hombre, le enseñaron que prever era pensar mal de los demás: piensa mal y acertarás, máxima que ha contribuido de manera decisiva a la selección natural de la especie y a su infelicidad. Lo educaron en la resignación, en la obediencia, en la inseguridad, en el miedo, en la falta de autoestima…, de manera que para una vez que le dieron poder para  vencer a sus rivales se dejó derrotar por ellos. Permitió que la impostura saliese victoriosa con su pretendida bondad disponiendo de poder para haberla derrotado.   He aquí lo que puede cambiar al hombre y evitarle sufrimiento: la educación, lo sabemos, pero todavía no lo hemos aprendido. 


jueves, 2 de mayo de 2013

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER (III)






    Sucede que los que no saben soñar le roban los sueños a los que sueñan, sin embargo  tenemos que buscar motivos para  no desesperarnos y seguir soñando aunque nos roben los sueños. 

Desesperarse, hundirse, deprimirse es una irresponsabilidad además de un error porque nos distrae, detiene el impulso de buscar la verdad que es lo que da sentido a la vida. Y la vida, ya se sabe, es “lucha”.  El mal, pues, nos acompaña aun a nuestro pesar. La Iglesia, de la que se supone es la mejor preparada para combatir el mal por haberlo sufrido y conocido, lo lleva en su seno  a su pesar, el mismo mal que ella misma padeció. Debió advertirlo pero no lo hizo.  La razón de ser de la Iglesia es denunciar las injusticias del mundo, aquellas que señalara Jesús, pero cayó en el mismo mal que decía combatir al imponer su credo, pero el que impone comete injusticias, la injusticia causa sufrimiento, el sufrimiento es un mal. Detrás de esa postura se manifiesta un fanatismo latente que llevado a sus últimas consecuencias culmina en el odio hacia quien se aparta de la verdad oficial. Y se justifica en nombre de Dios o de la moral. La cuestión, no obstante, es si el mal que hizo queda compensado con el mal que evitó, que es lo único que puede justificarlo, lo único que puede justificar la existencia de cualquier doctrina. “Porque fijaos –permitidme que os tutee Jesús, al señalar a sus hermanos de raza sus errores, su doble moral, y postularse como un enviado de Dios, no hizo sino socavar los cimientos de su propia religión, la de los padres de Israel. ¿Cómo cabía esperar que reaccionaran  sus  hermanos de raza? ¿Iban a consentir que un nazareno cuestionara su forma de vida, su propia historia? ¿Iban a permitir que un iluminado pusiera en entredicho el propio legado de sus antepasados? De ningún modo, pero cometieron un error: para conjurar el peligro sólo se les ocurrió crucificarlo  creando con ello un mártir, un mito. Para los judíos no fue sino un acto de legítima defensa, pero actuaron sin talento. ¿Qué consecuencias tuvo aquel suceso? El nacimiento de una nueva religión que cambió la historia de la humanidad y  el odio secular a los judíos. ¿Cuánto sufrimiento  han deparado a la humanidad tales hechos? Inconmensurable. ¿Sabía Jesús que sería así? Debía saberlo puesto que era el enviado de Dios, su Hijo, luego la cuestión es: si Dios sabía  que el testimonio de su Hijo iba a causar tanto sufrimiento al hombre ¿por qué lo permitió? Sólo se me ocurre una respuesta honesta: porque sin Él el sufrimiento habría sido mayor, de lo contrario no se entendería, pues suponer que el sufrimiento es agradable a los ojos de Dios, o que nos lo ha impuesto como  castigo por el “pecado original”, no cuadra con la idea que yo tengo de Dios ni con el hecho de que nos haya hecho a su imagen y semejanza. Si aceptamos esto tenemos que aceptar también que ni siquiera Dios puede evitar el sufrimiento, en todo caso sólo limitarlo.  ¿Casa esta idea con la cualidad de omnipotencia y de omnisciencia de Dios? En lo que al sufrimiento se refiere por supuesto que no, así que ni siquiera Dios puede evitar el sufrimiento. Luego el sufrimiento es consustancial a la naturaleza, a la divina y a la humana. El hombre no sólo sufre, sino que causa sufrimiento. Por tanto Dios también sufre y causa sufrimiento. ¿O acaso no estamos hechos a su imagen y semejanza? ¿Puede admitir esto un creyente? No, porque su idea de Dios es otra, pero lo que no podrá negar es que el sufrimiento existe, que incluso Cristo lo padeció en sus carnes y ni siquiera Dios, su padre, pudo evitarlo. Los únicos que no tienen dudas son los fanáticos, que presumen de conocer a Dios y de saber cuál es su voluntad, pero no lo utilizan para hacer el bien, sino para imponer su verdad en su propio provecho despreciando la razón.  ¿Y a dónde lleva la sinrazón? Al sufrimiento más atroz. Es decir, al mal. Y el mal por el mal no tienen sentido.