miércoles, 1 de marzo de 2017

EL MISTERIO DE LA PUERTA ENCANTADA



   
 

   No puede decirse que la puerta sea un invento comparable al de la aguja, que permitió a nuestra especie sobrevivir durante las glaciaciones y luego convertir la costura en arte, sin embargo, ha contribuido a civilizar la especie, pues permitió guardar bajo llave los misterios de las distintas culturas y sus tesoros, poner a buen recaudo a los delincuentes, guardar la intimidad de hombres y mujeres,  guarecer del frío y evitar las corrientes, proteger la propiedad privada…,  pero lo que no consiguió nunca la puerta fue cumplir un sueño, como la aguja lo hizo con la moda. Aunque no faltó quien lo intentara.

   Cuentan que se llamaba Sandalio Botín Descalzo, de origen incierto, soltero, muy natural con ese nombre, y de entre sus aficiones más sobresalientes se cuenta su inclinación por coleccionar puertas.  Las coleccionaba de todas clases, abatibles, ascendentes,  descendentes, basculantes, corredizas, egipcias, giratorias, de guillotina, de maroma, plegadizas, batientes, automáticas…, eso sin contar con las más habituales como las acorazadas, blindadas, de interior, macizas, huecas, metálicas, de madera, chapadas… Era una auténtica obsesión lo que tenía Sandalio con las puertas, pero aquella que buscaba con más pasión y ahínco no la encontraba por ningún lado, aquella que, al traspasarla,  llevara a otra dimensión, como en el Ministerio del Tiempo,  del que era un fan incondicional. Era su sueño. Y decidió fabricarla él.

    Tras mucho cavilar concluyó que la clave para conseguirlo era encontrar el material adecuado, un material que interactuara a nivel cuántico con la radiación del cuerpo humano y, como resultado, obrara el milagro científico de abrir un pasillo a otra dimensión que permitiera acceder al Paraíso, de cuya existencia no dudaba, solo que el hombre no podía verlo por haber desobedecido al Señor.

   Construyó la puerta, la instaló  en su huerto, la conectó a la red eléctrica, la traspaso, aquello dio un fogonazo que dejó a oscuras al pueblo y desapareció. Y con él la puerta. Los amigos, desconcertados,  denunciaron su desaparición a la Policía, pero no los creyeron, les dijeron que no había nadie en sus archivos que se llamara Sandalio Botín Descalzo.  Un misterio.
 





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