domingo, 29 de junio de 2014

TIEMPO Y VIDA







  



Buenos días. Hoy es domingo, ¿verdad? Lo cual quiere decir que ha pasado una semana y,  si uno lo piensa,  el tiempo, que pasa por ser nuestro más acendrado enemigo, que nos roba a diario sin que apenas nos demos cuenta y sin que podamos evitarlo, es algo contra lo que no se puede luchar. ¿O tal vez sí? Si es posible luchar contra el tiempo no sería cuestión baladí preguntarse cómo hacerlo, cómo defendernos de él, cómo “impedir” que nos expolie a su paso. 

   El tiempo es una cuestión que se han planteado, desde puntos de vista diferentes,  filósofos, religiosos, científicos, toda clase de pensadores  y hombres de la calle como yo, y como es natural cada cual se dado una respuesta diferente. 

   En filosofía, el primero en abordar con profundidad  tan espinosa cuestión fue Aristóteles, que lo relacionó con el movimiento, es decir, con lo que transcurre entre “antes” y “después”, o dicho de otro modo,  con lo que pasa ahora que se convierte en antes cuando ya ha pasado. Por tanto, si seguimos a Aristóteles, si no hubiera movimiento no habría tiempo, lo cual nos permite, entre otras cosas, medirlo, o sea, el tiempo que transcurre entre el principio de un suceso y su final.  

   En religión tenemos que referirnos en San Agustín, cuya concepción del tiempo nada tiene que ver con la de Aristóteles, pues lo desliga del movimiento y lo concibe como algo estrechamente ligado al alma. Así, para él el tiempo es algo que “físicamente” no existe, pues se concreta en un “ahora” que, al no poderse detener, no existe, ya es pasado, que tampoco existe puesto que ya pasó, pero tampoco el futuro, que es lo por venir, o lo que es lo mismo,  lo que esperamos. Por tanto si el pasado es lo que recordamos, el presente es lo que vivimos y el futuro es lo que esperamos, el tiempo es memoria, es experiencia y es esperanza. 

   En ciencia hay que referirse a Newton, que conceptúa el tiempo como algo absoluto, independiente por tanto del movimiento, algo que va fluyendo sin relación con nada externo a él y mientras fluye se desarrollan todos los acontecimientos y los cambios.  Lo cual no es cierto, como sabemos por Einstein y su famosa teoría de la relatividad, según la cual el tiempo se va “encogiendo” a medida que el movimiento se acerca a la velocidad de la luz hasta rebasarlo y entrar en el futuro.

   El tiempo, pues, ha suscitado y suscita interés en todos los ámbitos, y en todos ellos se  ha tratado de darle una explicación racional. Pero para mí, la noción del tiempo que más se acerca a nuestra naturaleza humana es la de Kant, que lo concibe como una experiencia personal propia, como algo que experimentamos nosotros mismos en relación con nosotros mismo, no con el exterior.  Es decir, en relación con nuestra vida. 

   Recuerdo que, en una ocasión, hablando con una amiga a la que saludé después de un año sin verla,  le comenté lo rápido que pasa el tiempo. Y era verdad, el año había pasado para mí en un “plis plas”, esa era mi impresión.  Muy seria, me respondió: “Entonces es que has sido feliz”, con un tono de melancolía que me dio que pensar.  Esta es la clave para impedir que el tiempo nos robe.  Si nuestra vida es un mero existir, un monótono discurrir de los días sin objetivos claros, sin amar y sin que te amen y sin esperar nada, el tiempo se te hace eterno porque tu vida se va con él sin haberla vivido. En cambio si uno se atreve a vivir, el tiempo vuela, no sientes su paso. Pasa igualmente, pero lo que importa es cómo tú lo sientas.  Me quedo, por tanto, con Kant, pues hizo posible lo que siempre se ha dicho de la filosofía: que ayuda a vivir.

  
  

miércoles, 25 de junio de 2014

PUBLICACIÓN EN AMAZON






Queridos amigos y seguidores de este blog, he de comunicaros que he publicado una novela en versión digital en AMAZON, titulada "LA TERTULIA QUE QUISO CAMBIAR EL MUNDO".  Podéis verla y bajárosla aquí: http://www.amazon.com/dp/B00L6H17W6, en versión Kindle, pero si no tenéis Kindle podéis conseguirlo consultando esta página: http://hojasquecaen.blogspot.com.es/2013/01/como-pasar-un-ebook-de-formato-kindle.html

  Aquí tenéis una breve reseña de la novela: 

 

La acción de la novela transcurre en un pueblo perdido de la geografía española. La desencadena la Tertulia de los “Tres Juanes”, llamada así porque los tres  tienen el mismo nombre: Juan.


 Está protagonizada por un grupo de mujeres del pueblo, empeñadas en descubrir cuáles son las verdaderas intenciones de los tertulianos, pues han sabido, a través de uno de ellos, que planean matar al cura “como hipótesis de trabajo”. Tan sorpredente como extravagante propósito las convence de que deben averiguar lo que se trae entre manos la Tertulia,   por lo que deciden llevar  a cabo una concienzuda investigación a fin de descubrir quién es el verdadero autor del plan, por qué contempla matar al cura y cuáles son las causas que se esconden tras sus planes.  Lo que descubren trastoca por completo su concepto de la vida y de las cosas, de la vida que hasta ese momento llevaban y que consideraban modélica, y de las cosas que parecían intocables y no lo eran. No saben que en realidad se han investigado a sí mismas. 

Está escrita siguiendo la estructura "in media res" y tiene un final abierto e inquietante, como inquietante es vivir sin saber si a la vuelta de la esquina o antes de llegar a ella se va a derrumbar el cielo sobre tu cabeza.


La temática que desarrolla es el abuso de poder, que marca profundamente a quienes lo padecen sumiéndolos en la resignación y el silencio, que siempre tiene consecuencias dramáticas para todos, pero tan inevitables como necesarias, pues la vida acaba por imponer su lenta, pero inexorable ley, que es vivir sin las cortapisas que la esclavizan.


“La Tertulia que quiso cambiar el mundo” puede ser juzgada desde distintos ángulos o puntos de vista.


1. Puede ser considerada como un viaje: el del protagonista, que se ve obligado a abandonar su pueblo porque se asfixia en él, pero que tiene que volver si quiere dar sentido a su vida. Por tanto, es un viaje de ida y vuelta. 


2. Es una historia de amor enmarcada en un tiempo de silencio, condenada por la hipocresía y malograda por el silencio. 


3. Es la historia de una transición del silencio a la palabra, del miedo a la confianza, del no ser al ser.

 

miércoles, 11 de junio de 2014

EL LABERINTO DE LA MENTE HUMANA








I

     Él venía bajando y ella iba subiendo, aunque pudo ser al revés –este tipo de detalles nunca afectan a una historia-. Lo que importa es que se fueron mirando desde que se vieron  y él, en un impulso irrefrenable, se acercó  y le cogió una de las pesadas bolsas de la compra que ella iba portando fatigosamente calle arriba. Su gesto obtuvo el premio de  su sonrisa y la promesa de una cita. Se casaron y tuvieron dos hijos. 

   Su amor empezó oler a muerto el día que él espetó: “Maldita bruja”, porque ella se había entretenido con sus amigas y no le había hecho la cena. Y el hedor comenzó a ser insoportable cuando una noche,  mientras veían la película de “Hombres de negro” en la tele, ella le soltó: “A veces te huele la boca como si hubieses estado comiendo mierda”. Fue considerada con él, le dijo que solo era “a veces” cuando en realidad era siempre. 

   El amor, a medida que va muriendo, va dejando un tufo, al principio indetectable, de pestilente fetidez  que adopta diversas formas,  hasta que su insoportable efluvio va transformando a un osito de peluche en una mofeta.



II

  Al principio solo fue una simple sospecha, hasta convertirse al final en certeza, cuando ya era demasiado tarde. ¿Cómo había ocurrido todo? El mismo día del entierro de su marido lo vio a lo lejos y se preguntó por qué no había asistido al funeral, pues eran vecinos y se conocían.  Dos días después él llamó a su puerta. Se excusó ante ella por no haber acompañado el cortejo fúnebre de su fallecido esposo, asesinado de forma cruel y despiadada, pero es que, le dijo, “no soporto ese tipo de ceremonias, he preferido venir hoy a su casa a presentarle mis respetos y acompañarla en el sentimiento”.  Ella agradeció su deferencia,  lo hizo pasar y ese mismo día hicieron el amor.  De esta forma nació entre ellos una pasión que desbordó su dolor y los unió en su desventura. Sus sospechas, no obstante, fueron creciendo hasta que supo, sin sombra de  duda,  que quien había asesinado a su esposo era su nuevo marido y padre de su hijo de tres meses.   Se lo estuvo preguntando todos los días de su vida mientras iba soportando, dolorosamente resignada y acongojada, el olor a muerto que la perseguía.  



III

    Shakespeare recrea en su drama, Ricardo III, una escena escalofriante.  Ricardo III se encuentra en una calle de Londres a lady Ana, viuda de Eduardo de Lancaster, a quien aquel había asesinado  junto a su padre. Al verlo, lady Ana lo increpa con encono: “¡Horrible demonio, en nombre de Dios, vete y no nos conturbes más!” El rey responde con lisonjas, fingiendo admiración y amor por lady Ana: “Vuestra belleza es la causa que me incitó en el sueño a emprender la destrucción del género humano con tal de que pudiera vivir una hora en vuestro seno encantador.” Ella, después de despreciarlo atiende sus lamentos y, en lugar de maldecirlo y rechazarlo, exclama: “¡Quién conociera tu corazón!” Ricardo le expresa su arrepentimiento y se ofrece a acompañarla hasta la sepultura de su marido. Lady Ana acepta su falaz ofrecimiento. Y cuando  se queda solo en escena se jacta de su triunfo: “¡Yo, que he matado a su esposo y a su padre, logro cogerla en el momento de odio implacable en su corazón, con maldiciones en su boca, teniendo a Dios y a su conciencia y a ese ataúd contra mí! ¡Y yo sin amigos que amparen mi causa. A no ser el diablo en persona y algunas miradas de soslayo! ¿Y aun la conquisto? ¡El universo contra la nada!” Después se casaría con ella. 

   Durante la boda el tufo maloliente de la podredumbre se expandió por toda Inglaterra, pero no debió de percibirlo  nadie.

 

IV

   Hablaban tres amigos sobre la realidad y, como es natural, no se ponían de acuerdo entre ellos.  

   --La realidad –afirmaba el primero- es el resultado de las acciones humanas.
  --No estoy de acuerdo –contradecía el otro- la realidad es el producto de su pensamiento.

  --Erráis los dos –matiza el tercero- la realidad es una imposición por quien tiene poder para imponerla. 

   Los tres llevaban razón y, sin embargo, no se ponían de acuerdo. El laberinto de la mente humana pone los pelos de punta.